Tijolaço: Después de Maranhão, Cunha y Renan emergen más fuertes. Temer, más débil.
"Independientemente de si inspiró o no la actitud de Maranhão, [Eduardo Cunha] obtuvo lo que quería del episodio. Demostró a Michel Temer que, sin él, no hay nada que hacer en la Cámara", analiza el periodista Fernando Brito. "Como Renan demostró lo mismo en el Senado, el 'exvicepresidente decorativo', posteriormente un activo golpista, tendrá que hacerse el difícil con ambos", añade.
Por Fernando Brito, de ladrillo La actitud de Waldir Maranhão de revocar la decisión que había tomado horas antes es mucho más embarazosa para las instituciones que para el propio diputado, que difícilmente sufrirá perjuicio alguno ante una posible expulsión del PP, que, como se sabe, es un conglomerado que no soporta dos días de "vamos al grano" en la Lava Jato.
Era impensable en términos institucionales que, de no ser por la revocatoria de la orden del Presidente de la Cámara, se hubiera creado un conflicto procesal que sólo podía ser resuelto por la Corte Suprema, y además porque –seré generoso– estaba a un centímetro de ser incluido en la narrativa del “está todo bajo control, está todo bajo control” de los golpistas.
Ni siquiera voy a referirme a la masacre mediática que sufrió, y que ya describió Paulo Henrique Amorim:
El presidente de la Cámara no es el imbécil que describió PiG. Waldir Maranhão era rector de la Universidad Estatal de Maranhão. Si hubiera sido más blanco y tuviera un apellido italiano/paulista o alemán/gaucho, no habría sido víctima de discriminación, como lo fue.
Me refiero sólo a la vergüenza del Senado, al tratar como basura un acto del presidente de la Cámara (que, por cierto, los escombros enviados desde allí por Eduardo Cunha, en votaciones astutamente repetidas, nunca merecieron) y, en la misma sesión, pasar por encima de la Comisión de Constitución y Justicia y obligarla públicamente a entregar a la voluntad de Renan Calheiros la decapitación, hoy, de Delcídio do Amaral.
Aunque haya tenido el efecto limpiador de abortar el acuerdo que el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) estaba forjando, a cambio de un "alivio" para el PSDB en el enlodamiento lanzado por el informante rata, fue una señal de que, a lo largo de los meses de proceso, Renan exigirá el mando que le corresponde como garante de la conclusión formal del plan golpista.
El otro gran ganador es Eduardo Cunha. Independientemente de si inspiró o no las acciones de Maranhão, logró lo que quería del episodio.
Le demostró a Michel Temer que sin él no hay acuerdo en la Cámara de Diputados.
Como demostró Renan en el Senado, el "ex vicepresidente decorativo", más tarde un activo golpista, tendrá que "hacerse el difícil" con ambos.
Y para resolver el "pequeño problema" de Cunha de no ser destituido por la Comisión de Ética de la Cámara, sin lo cual perdería su jurisdicción privilegiada. La perdería, porque tal como están las cosas en la Corte Suprema, ya no se descarta ninguna excepción a las reglas.
Y el de Romero Jucá, que quiere a Vale.
Y el de Moreira Franco, que quiere mucho más.
Y luego está José Serra, que quiere la Granja.
Y Henrique Meirelles, en medio de todo esto, decía a los mercados mundiales:
Brasil ha recuperado su credibilidad…
Las calles en llamas serán la mayor prueba de ello…