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Albañil: Con Maia, Brasil cambiará un presidente ilegítimo por otro.

"Michel Temer y Rodrigo Maia son simplemente generaciones diferentes de la escoria de quienes viven y prosperan en la política sin causa, sin proyectos colectivos, sin el pueblo. A ninguno de los dos se le pasa por la cabeza la grandeza de devolver a los brasileños el derecho a elegir a su presidente", afirma Fernando Brito, editor de Tijolaço.

El presidente Michel Temer saluda al presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, durante un cóctel con parlamentarios aliados en la residencia oficial del presidente. (Brasilia - DF 24/10/2016) Foto: Carolina Antunes/PR (Foto: Leonardo Attuch)

Por Fernando Brito, editor de ladrillo

A pesar del deseo de ver a Michel Temer fuera del cargo que tomó mediante un golpe de Estado, es deprimente presenciar el espectáculo de traición en que se ha convertido la política brasileña.

Para sustituir a uno ilegítimo, mediante métodos oscuros, ahora otro ilegítimo ocupará su lugar, utilizando métodos igualmente oscuros.

Ambos saben que no llegaron donde están por sus propias fuerzas o méritos, como tampoco llegaron allí por la voluntad de la nación.

Michel Temer y Rodrigo Maia son apenas generaciones diferentes de la escoria de quienes viven y prosperan en la política sin una causa, sin proyectos colectivos, sin pueblo.

Ninguno de los dos, ni por un momento, considera la grandeza de devolver a los brasileños el derecho a elegir a su presidente.

En ninguno de sus mentes hubo atisbo de ideas generosas y abiertas por parte de quienes desean apelar a las fuentes de la identidad nacional para reabrir los caminos de este país.

Lo único que pueden pensar es en complacer a sus votantes, "el mercado", a costa de los derechos y servicios del pueblo brasileño.

Michel Temer no es –y Rodrigo Maia no será– el presidente de Brasil, sino más bien un devoto servidor del mercado, con este último prometiendo escandalosamente hacer lo que el primero no hizo.

El país seguirá a la deriva porque, como ya se anuncia, el sector económico seguirá secuestrado por intereses ajenos al país, salvo para extraer hasta la última gota de recursos públicos. Claro, para entregárselos a quienes siempre han sido los accionistas mayoritarios de esta corporación nacional y ahora han convertido a Brasil en su "sociedad de responsabilidad limitada".

El país que tenemos ahora está gobernado por la delatación —un pariente cercano de la traición política— y las puñaladas por la espalda. Ni siquiera podemos llamar a esta organización mafia, porque no hay ni rastro de ética entre los ladrones.

Cunha, Temer, Maia, ¿quién será el siguiente en la fila para el sabotaje, la perfidia y el disimulo? Maia tenía razón cuando, durante la votación del impeachment, le dijo a Cunha por el micrófono: «Hoy estás haciendo historia».

Entró, efectivamente, de la manera que todos conocemos, inaugurando la República de la Traición.