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Albañil: Moro llevará a Lula al poder. En 2018 o ahora.

Según el periodista Fernando Brito, de Tijolaço, aunque es imposible adivinar lo que pasa por la cabeza del expresidente Lula en este momento, se aventura a hacer una conjetura: "Todo el mundo ya puede decir que Lula volverá al gobierno, ahora o en 2018, gracias al hombre que, a través de él, quiso asumir el papel de instrumento para destruir el proyecto de afirmación del pueblo brasileño: Sérgio Fernando Moro".

Según el periodista Fernando Brito, de Tijolaço, aunque es imposible adivinar qué pasa por la cabeza del expresidente Lula en este momento, se aventura a conjeturar: "Todos ya pueden saber que Lula volverá al gobierno, ahora o en 2018, gracias al hombre que, en él, quiso asumir el papel de instrumento para destruir el proyecto de afirmación del pueblo brasileño: Sérgio Fernando Moro" (Foto: Aquiles Lins)

Fernando Brito, de ladrillo - A principios de 2014, cuando el movimiento "Traigan de vuelta a Lula" todavía estaba activo y el ex presidente daba una entrevista a blogueros, bromeé con él, que negaba la posibilidad de presentarse como candidato a la presidencia en octubre de ese año, diciendo: "Que piensen que sí, señor presidente".

A Lula no le gustó, frunció el ceño y dijo que ni siquiera era una broma, porque servía para debilitar a Dilma, la candidata.

Ética y electoralmente tenía toda la razón.

Y aunque la política siempre debe pasar por la ética y las elecciones, va más allá de eso para convertirse en un proceso de afirmación de un proyecto político de carácter popular.

Hay un proceso dentro de las masas populares, tácito, no teórico, pero real y profundo. Y termina, por caminos tan enrevesados ​​que ni siquiera uno puede imaginarlos, imponiéndose.

El viejo Brizola, para satirizar el proceso de elección de candidatos en la política convencional, solía decir que las elecciones no son carreras de caballos –"apuesto a éste, apuesto a aquél"– sino que deben corresponder a una necesidad de la población.

Y el canto de "Lula, vuelve", para gran disgusto de los petistas siempre tan sensibles al "personalismo", al populismo y a otros "ismos", tuvo su origen en un proceso político en el que, ahora y por fin, son visibles las raíces de lo que está sucediendo ahora: las protestas de 2013.

Estaba allí, en la "derecha apolítica", en la denuncia -por cierto sólo comprobada aquí y allá, incluso en estos tiempos de escrutinio general- de corrupción en las obras del Mundial, en el "contra todos", e incluso en el "no habrá Mundial" que se tradujo en "no habrá un Brasil brillante y admirado".

No fue el gigante sino el enano Brasil el que despertó.

Éste, blanco y egoísta, moralista e inmoral, tonto y odioso, igual que el que vemos ahora en las calles.

Dilma, a pesar de sus cualidades personales –es una mujer seria, honorable, austera y digna, como pocas veces se ha visto en la política brasileña–, no es una estadista.

Por lo tanto, no es una referencia para el pueblo brasileño, no lleva en sí el sentido que Cecília Meirelles describió como el de la libertad "que los sueños humanos alimentan, (y que) nadie puede explicar y nadie puede dejar de entender".

No tengo la menor duda de que, hoy, los sentimientos personales de Lula son los mismos que lo hicieron fruncir el ceño ante el chiste de aquella ocasión que abre este texto.

Cualquiera que haya experimentado la política -y el gobierno- durante cuarenta años, desde una perspectiva personal y familiar, si es una persona honorable, ya no tiene ningún deseo de volver a esas viejas formas.

También sabe que esto se aprovechará como una "capitis diminutio" para Dilma, ya que su incorporación al Gobierno solo puede existir si él va a liderarlo con ella. Y Lula, contrariamente a lo que dicen sus detractores, siempre ha sido extremadamente moderado en sus intervenciones, mucho menos de lo que se esperaría y natural de alguien que legitimó no solo la primera, sino también la segunda elección del presidente.

Finalmente, él es consciente de que su acto, al buscar un examen equilibrado de las investigaciones – todas patéticas – contra él y no el frenesí de linchamientos comandado por Sérgio Moro, será visto como cobarde en un primer momento, e impondrá inmensos sacrificios a su familia, que será perseguida con sed de sangre por el juez (!?) de Curitiba, en una gigantesca cacería humana, dividida entre los matones con credenciales de policía, fiscal y prensa.

Todo esto pesa y retrasa tu decisión.

Nadie puede adivinar lo que está pasando por la mente de un hombre -y de un líder- en este momento.

Pero todo el mundo ya sabe que Lula volverá al gobierno, ahora o en 2018, gracias al hombre que, en él, quiso asumir el papel de instrumento para destruir el proyecto de afirmación del pueblo brasileño: Sérgio Fernando Moro.

Sin todas las cosas perversas, malsanas y autoritarias que hizo, sin la crisis institucional provocada por su obsesión persecutoria, el proceso político no se habría intensificado y no se habrían producido situaciones en que los hombres son llevados, por sus deberes, al inmenso sacrificio de su vida personal.

Y para quienes piensan que la crisis económica será su sentencia de muerte en el gobierno, es bueno recordar la canción de Haroldo Lobo y Marino Pinto, de hace casi 70 años: "Vuelve a poner el retrato del viejo/Ponlo en el mismo lugar./La sonrisa del viejo nos hace trabajar/La sonrisa del viejo nos hace sentir alegres".