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Waack predice impacto electoral por la degradación de la imagen de la Corte Suprema.

Un columnista del periódico Estado de S. Paulo sostiene que el manejo del caso del Banco Master ha acelerado la erosión de la Corte Suprema y fortalecido las narrativas de la oposición.

Waack predice impacto electoral de la degradación de la imagen del Tribunal Supremo (Foto: Fabio Rodrigues Pozzebom/Agência Brasil)

247 - Según el periodista William Waack, la gestión del escándalo del Banco Master en el Supremo Tribunal Federal (STF) ya está teniendo un impacto político que va más allá del caso financiero: el episodio está acelerando el deterioro de la imagen del Tribunal y convirtiendo este daño en un factor relevante en las próximas elecciones. Esta evaluación se basa en... columna publicada en el periódico Estado de S. PauloEn el que el autor argumenta que las acciones de la Corte Suprema en el caso aumentan el descrédito institucional y probablemente tengan repercusiones en la campaña de "año nuevo".

Waack afirma que, hasta el momento, el principal resultado de la operación montada en el Supremo Tribunal Federal (STF) para abordar el escándalo es "acelerar el descrédito de la institución", algo que, según él, ya se observa en las agencias internacionales de riesgo político. Para el columnista, la erosión de la confianza en el tribunal se debe no solo a los ataques de grupos tradicionalmente hostiles al Poder Judicial, sino principalmente a la forma en que algunos ministros conducen el caso, lo que genera la percepción de que el Tribunal ha comenzado a actuar de forma improvisada y personalista.

Uno de los episodios citados como particularmente perjudiciales, según Waack, fueron las repercusiones del llamado "enfrentamiento" entre los involucrados en el caso. Escribe que "no se obtuvo nada relevante más allá de lo que ya habían declarado la defensa de los investigados y las aclaraciones públicas del Banco Central", y sugiere que el evento tuvo un impacto más negativo en la imagen del Supremo Tribunal Federal (STF) que en su utilidad institucional. En opinión del columnista, la sesión expuso un panorama de prisa, improvisación y acciones guiadas por intereses personales.

Waack destaca además lo que considera un factor agravante en la gestión del episodio: lo que describe como «el espectáculo de prisas, improvisación, caprichos y compromiso personal de un ministro transformado en investigador de un sector (el financiero) del que, notoriamente, entiende poco». Según él, el impacto se vio amplificado por el simbolismo de un ministro que supuestamente daba órdenes a distancia «desde casa», es decir, desde un lugar de reunión familiar, lo que, en su opinión, alimentó la percepción pública de una Corte Suprema más preocupada por la puesta en escena y el protagonismo que por la sobriedad.

Según el autor, este tipo de conducta abre la puerta a una pregunta que, en su opinión, nunca debería plantearse ante un Tribunal Supremo: "¿Cuáles son sus objetivos finales al abordar el escándalo del Maestro?". Es en este punto donde el análisis ve una conexión directa con el proceso electoral: ante la tensión, la política empieza a incorporar el tema, y ​​la disputa se centra en quién podría "resolver" la crisis institucional y cómo hacerlo.

Waack argumenta que, en otras épocas, los debates juzgados por las cortes supremas —como el aborto, por ejemplo— ya entraban en el ámbito de las disputas partidistas. Pero ahora, según él, lo que está en juego es más profundo: «el propio papel y las acciones de la Corte Suprema». En su opinión, la degradación de la imagen de la corte ha dejado de ser un fenómeno restringido a grupos extremistas y se ha convertido en algo más amplio, con raíces incluso más allá de las élites económicas.

El columnista argumenta que el deterioro del Supremo Tribunal Federal (STF) se ha convertido en parte de un descrédito generalizado y prolongado hacia instituciones como el Poder Judicial, y que esto suele explotarse políticamente. Afirma que esta situación contribuye directamente a las agendas políticas de la oposición al actual gobierno, cuya existencia está directamente asociada al STF, indicando que la contienda electoral tiende a absorber el tema como combustible.

En opinión del periodista, el problema central no son solo las críticas al Tribunal Supremo, sino el hecho de que estas se han vuelto socialmente aceptables a una escala mucho mayor. Argumenta que cualquier profesional del marketing político reconoce que, en este entorno, la bandera de la "defensa de la democracia" pierde fuerza ante la sospecha de que intereses poderosos guían el comportamiento de los ministros. Y concluye que lo que realmente importa en el ámbito político es la percepción pública, porque "esta percepción es el verdadero 'hecho' político".

Waack concluye observando que la retórica tradicional de los partidarios de Bolsonaro contra el Tribunal Supremo se consideraba anteriormente un ataque radical y antidemocrático, pero, a la luz de los acontecimientos recientes, esta postura se ha vuelto "salonsfaehig", es decir, "totalmente aceptable". Para él, es este cambio de nivel —de la crítica marginal a la crítica socialmente legitimada— lo que podría transformar la erosión institucional del Tribunal Supremo en un elemento decisivo en la próxima campaña electoral.

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