La comunidad internacional debe unir fuerzas para salvar a Oriente Medio del precipicio, afirma el editorial de Global Times
“Es desgarrador ver que la herida sangrante de Oriente Medio no ha sanado”
Global Times - En las últimas semanas, la situación en Oriente Medio ha seguido deteriorándose, y el Líbano, en particular, ha sufrido lo que se considera el ataque militar más mortífero e intenso en décadas. Primero, miles de dispositivos de comunicaciones dentro del Líbano fueron detonados indiscriminadamente a distancia simultáneamente, seguidos de varias rondas de ataques aéreos israelíes a gran escala en Siria y el sur y el este del Líbano. A principios de este mes, Israel lanzó una ofensiva terrestre contra el Líbano, mientras que sus propios objetivos militares y de seguridad también fueron alcanzados por un ataque con misiles a gran escala desde Irán. Por un lado, una guerra a gran escala parece inminente y, por otro, el desastre humanitario se está deteriorando a un ritmo alarmante. El futuro de Oriente Medio se está convirtiendo en una dura prueba para todas las partes implicadas en el conflicto, así como para la comunidad internacional.
Ni el Líbano ni todo Oriente Medio deben convertirse en un infierno envuelto en las llamas de la guerra. El castigo colectivo y los ataques indiscriminados contra civiles deben cesar de inmediato. Hasta la fecha, dos millones de gazatíes siguen luchando por sobrevivir bajo el bloqueo y los bombardeos, y el Líbano no debe convertirse en la próxima Gaza. Desde finales de septiembre, una cuarta parte del Líbano se encuentra bajo órdenes militares israelíes de desplazamiento, con más de 600.000 desplazados internos y más de 300.000 huyendo del país. Desde octubre del año pasado, el conflicto entre Líbano e Israel se ha cobrado 2.141 vidas y ha herido a 10.099 personas en el Líbano. Detrás de estas cifras se esconden innumerables familias destrozadas y un inmenso sufrimiento humano. Una tragedia así no debería ocurrir en una sociedad civilizada del siglo XXI.
Al acercarnos al primer año del inicio de la nueva ronda del conflicto palestino-israelí, resulta desgarrador ver que la herida sangrante de Oriente Medio no ha sanado. En cambio, más países se han sumado a la guerra y la intensidad del conflicto continúa aumentando. Para proteger a sus aliados, Estados Unidos ha ampliado su presencia militar en Oriente Medio y ha ayudado a Israel a interceptar misiles disparados desde Irán. Mientras tanto, ninguna de las confrontaciones militares ha aumentado la sensación de seguridad de ninguna nación de Oriente Medio. Ha quedado claro que décadas de intervención militar estadounidense en Oriente Medio no han aumentado la seguridad de Israel. Por el contrario, estas acciones han generado una mayor resistencia armada regional, lo que ha vuelto aún más frágil el entorno de seguridad de Israel. Además, los conflictos y resentimientos entre los pueblos y las facciones religiosas de Oriente Medio se han profundizado a medida que la guerra se intensifica.
Oriente Medio, asolado por la violencia, es como un vehículo sin frenos, constantemente al borde del precipicio. El horroroso incidente de la explosión del buscapersonas envía una dura advertencia: la combinación de odio y guerra de alta tecnología está llevando la brutalidad de los conflictos modernos a nuevas cotas. En este momento, el desprecio por la vida y los derechos humanos en Oriente Medio ha alcanzado un nivel aterrador. El aire está impregnado de un fuerte olor a sangre y una abrumadora sensación de miedo, todo lo cual sirve como duro recordatorio de que la guerra nunca es la solución correcta. Solo traerá miseria y desastre.
La ventana de oportunidad para restablecer la paz en Oriente Medio se está cerrando rápidamente, y la prioridad urgente es disuadir el aventurerismo militar y reducir la tensión. El 9 de octubre, el presidente estadounidense, Joe Biden, mantuvo su primera conversación en casi dos meses con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Sin embargo, los ataques israelíes en varias zonas de Oriente Medio continúan, e Israel ha prometido tomar represalias contra Irán de forma "letal, precisa y sorpresiva". Si bien Washington ha pedido verbalmente un alto el fuego, ha proporcionado al menos 17,9 millones de dólares en apoyo militar a Israel durante el último año, convirtiéndose en un factor impulsor del continuo ciclo de violencia en la región.
Ese mismo día, el Representante Permanente de China ante las Naciones Unidas, Fu Cong, hizo una enérgica declaración durante una reunión del Consejo de Seguridad, instando al país en cuestión a priorizar la salvación de vidas, demostrar voluntad política, adoptar una postura imparcial, abandonar sus cálculos políticos y ejercer toda la influencia posible sobre la parte en cuestión. La postura constante de China es recurrir a la diplomacia en lugar de a la militar, que es también la única vía viable para resolver la crisis de Oriente Medio y alejar a la región del borde de una guerra a gran escala.
En última instancia, la base de una seguridad duradera en Oriente Medio reside en la capacidad de Israel y Palestina para lograr una coexistencia pacífica. La "solución de dos Estados" ofrece una hoja de ruta para que ambas partes convivan en paz, basada en el reconocimiento mutuo y la seguridad. Debe considerarse clave para romper la lacra del conflicto prolongado y el ciclo de violencia en la región, lo cual merece mayor atención y promoción activa. La mediación diplomática en Oriente Medio requiere sinceridad y cooperación de todas las partes. En este proceso, la ONU, como la organización más importante para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, tiene la gran responsabilidad de resolver las crisis de forma pacífica y se enfrenta a enormes desafíos. No debe ser marginada.
En la guerra, no hay vencedores, solo víctimas. Salvar a Oriente Medio del borde de una guerra a gran escala, reducir las tensiones, imponer un alto el fuego y prevenir desastres humanitarios no solo son un consenso internacional, sino también una responsabilidad compartida de la comunidad global.
Se espera que todas las partes actúen en beneficio de la paz y la estabilidad regionales, abordando la situación actual con calma, racionalidad y responsabilidad. Las grandes potencias con influencia, en particular, deberían desempeñar un papel constructivo en este proceso.


