La crisis frenó la llegada de la heredera Bruni-Sarkozy.
Carla Bruni sin duda desearía vivir la historia de Jackie Kennedy, Cherie Blair o Samantha Cameron. Pero en un momento en que la eurozona amenaza con colapsar, aprovecharse de la felicidad de su padre, el jefe de Estado francés, se considera casi una afrenta por parte de sus vecinos europeos.
Roberta Namour, corresponsal de 247 en París - La hija de Nicolas Sarkozy y Carla Bruni nació anoche, alrededor de las 19:00 hora local, en la clínica Muette de París. Según fuentes cercanas a la pareja, se trata de una preciosa niña cuyo nombre aún se desconoce. El padre y jefe de Estado de Francia estuvo presente antes y después del parto. Su apretada agenda en vísperas de una reunión con los líderes europeos para decidir el futuro del euro no le permite ausentarse del Palacio del Elíseo por el momento. Alrededor de las 8:40 de esta mañana, volvió a estar presente para conocer a la primera niña de sus cuatro hijos.
Si bien la maternidad en el gobierno es una novedad para los franceses en la historia de la Quinta República, otras parejas en el poder han tenido esta experiencia en todo el mundo. En Estados Unidos, durante la campaña de Kennedy en 1960, Jackie estaba embarazada. Su esposo inicialmente no quería anunciar el nacimiento del bebé, pero la ausencia de su esposa pronto lo delató ante los periodistas. La noticia fue noticia de primera plana en todo el mundo, y él supo aprovechar la notoriedad. Tony Blair, en Gran Bretaña, en el año 2000, también explotó el embarazo de Chérie con todo lujo de detalles, un año antes de su reelección. Y en 2010, fue el turno de David y Samantha Cameron. Incluso en Francia, existía una especie de precedente, pero no de un presidente en el rol de padre, sino de abuelo. Jacques Chirac utilizó el nacimiento del pequeño Martin en 1996 para humanizar su imagen e incluso consiguió una edición de Paris Match en su honor, titulada "El arte de ser abuelo".
Pero esta vez, todo indica que el cuento de hadas que vive la pareja Bruni-Sarkozy tendrá que permanecer en la intimidad. En medio de una crisis económica que amenaza con devastar el sueño de la Unión Europea y la eurozona, explotar la felicidad del jefe de Estado francés resulta casi una afrenta. Si bien Carla Bruni exageró sus apariciones públicas en las últimas semanas de su embarazo, Sarkozy se mostró impecablemente discreto y no hizo ningún comentario al respecto. Según el investigador Christian Delporte, la estrategia buscaba demostrar al pueblo francés y a sus futuros votantes que su única preocupación en ese momento es Francia y que trabajará por ella hasta el final, incluso si eso significa sacrificar su vida personal. Por ahora, el resultado de esta campaña es incalculable. Pero en unos meses, cuando lance su campaña de reelección, sabrá si la decisión de proyectar la imagen de un presidente comprometido, en lugar de la de un padre orgulloso, fue acertada.
