El bloqueo estadounidense causó a Cuba pérdidas por valor de un billón de dólares.
La Casa Blanca mantiene el embargo condenado por las Naciones Unidas en veinte asambleas anuales.
Al amanecer del 7 de febrero de 1962, una orden ejecutiva del presidente estadounidense John F. Kennedy, firmada cuatro días antes, cambió drásticamente la vida de los cubanos. En represalia por la nacionalización de empresas estadounidenses y el creciente acercamiento con la Unión Soviética, la Casa Blanca prohibió de facto el comercio con la isla caribeña, así como las líneas de crédito y otros tipos de intercambio. Había comenzado uno de los bloqueos económicos más largos y severos de la historia moderna.
La medida administrativa de Kennedy, del Partido Demócrata, formó parte de una escalada que comenzó con la victoria de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959. Poco más de 15 meses después del triunfo del movimiento guerrillero liderado por Fidel Castro, el presidente Dwight D. Eisenhower, republicano, había presentado al Congreso una medida que reduciría las importaciones cubanas de caña de azúcar en 700 toneladas.
El 3 de enero de 1961, Washington rompió relaciones diplomáticas con La Habana. Cuatro meses después, en abril, con Kennedy ya al mando, los grupos de oposición, con apoyo de la CIA, fueron derrotados durante la invasión de Playa Girón, en la costa cubana, en una operación militar cuyo objetivo era derrocar al gobierno de Fidel Castro. Humilladas y enfurecidas, las facciones anticastristas buscaron refugio en Estados Unidos para emprender nuevas acciones. La clave era debilitar la economía cubana por todos los medios posibles.
“Durante estos 50 años, las diversas medidas del bloqueo le han costado a nuestro país más de un billón de dólares”, declaró a Opera Mundi el viceministro de Inversión Extranjera y Comercio Exterior, Orlando Guillén. “Estados Unidos no solo interrumpió unilateralmente el comercio, sino que congeló activos estatales cubanos e impuso sanciones a empresas de otros países que desean normalizar sus relaciones con nosotros”.
Para comprender la magnitud del daño, el cálculo es sencillo. El PIB (Producto Interno Bruto) de Cuba alcanzó los 110 mil millones de dólares en 2009. El bloqueo impuesto por la Casa Blanca ha privado al país del equivalente a al menos diez veces la producción de bienes y servicios de los últimos 50 años. Esto representa un impacto considerable.
endurecimiento
Con la excepción del período en que el demócrata Jimmy Carter gobernó, estas restricciones se han vuelto cada vez más severas, sin excepción. Estados Unidos, que exige un visado de salida para la bloguera Yoani Sánchez, ha restringido severamente los viajes de sus ciudadanos a la isla desde febrero de 1963. Carter se negó, en 1979, a mantener esta normativa, que debe renovarse cada seis meses; sin embargo, Ronald Reagan la reinstauró en 1982.
Otro republicano, George Bush, firmó la Ley de Democracia Cubana, más conocida como la Ley Torricelli, en octubre de 1992. Y un demócrata, Bill Clinton, firmó la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana, popularmente conocida como la Ley Helms-Burton, en 1996. Ambas medidas ampliaron el bloqueo.
Las filiales extranjeras de empresas estadounidenses tenían prohibido comerciar con Cuba. Los buques que transitaban por sus puertos, independientemente de su bandera, debían esperar seis meses antes de poder fondear en territorio cubano. Los bancos que otorgaban créditos o realizaban transacciones financieras con La Habana también eran vigilados y sancionados.
«Hay más gente vigilando nuestras cuentas en Estados Unidos que las de Al Qaeda», bromea Guillén. «Cualquier pago realizado desde una entidad bancaria con sucursal en EE. UU. puede acarrear multas y sanciones». Este fue el caso, por ejemplo, de los bancos Credit Suisse y UBS, que fueron demandados por cientos de millones de dólares entre 2003 y 2004 por realizar transacciones que, al parecer, infringían las leyes del bloqueo. Una de las operaciones sancionadas fue la transferencia de fondos del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria.
La lista de restricciones es interminable. Ninguna empresa extranjera puede exportar a Estados Unidos productos que contengan materias primas cubanas. Un fabricante brasileño de mermelada, por ejemplo, que utiliza azúcar cubana, está condenado al fracaso por el embargo. Ninguna empresa extranjera puede vender a Cuba productos y servicios que utilicen tecnología estadounidense en más del 10 % de su valor. Cualquier empresario, independientemente de su nacionalidad, que invierta en plantas o proyectos industriales sujetos a reclamaciones de compensación por parte de Estados Unidos está expuesto a graves represalias.
Continuidad
Durante la presidencia de George W. Bush, entre 2001 y 2008, las prohibiciones se volvieron aún más drásticas, con restricciones más severas al turismo, la inversión y las remesas de familiares. Cuando Barack Obama asumió la presidencia en 2009, había grandes esperanzas de que se produjeran cambios. Sin embargo, su única medida hasta el momento ha sido regresar al marco anterior a la administración Bush hijo, permitiendo los viajes de los cubanoamericanos y eliminando los límites a las donaciones a familiares (que actualmente equivalen a entre 400 y 600 millones de dólares anuales, según la fuente). La Habana también puede comprar alimentos y medicinas en Estados Unidos en situaciones de emergencia, siempre que pague por adelantado.
El año pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó en contra del bloqueo por vigésima vez. Solo Estados Unidos e Israel votaron en contra, mientras que 186 naciones respaldaron la decisión, con tres abstenciones. Incluso los empresarios estadounidenses desearían que se aboliera esta reliquia de la Guerra Fría, deseosos de hacer buenos negocios con Cuba. Nada de eso importa en la Avenida Pensilvania.
Lo cierto es que el papel electoral de la comunidad de refugiados cubanos y sus descendientes, concentrados en Florida, que fue decisivo en las últimas cuatro elecciones presidenciales, parece subordinar los movimientos de Washington y de los aspirantes al trono más poderoso del planeta.
Once presidentes después del triunfo de la Revolución Cubana y el inicio del bloqueo, la Casa Blanca mantiene la misma orientación. Su objetivo no se ha cumplido, ya que los comunistas siguen gobernando La Habana. Como recompensa por semejante sacrificio impuesto al pueblo cubano, Estados Unidos quizá haya protagonizado uno de los fracasos más espectaculares de la política internacional en el último medio siglo.
