“Asamblea Constituyente chilena es un triunfo de las calles”, afirma fundador del Grupo de Puebla
Marco Enríquez-Ominami analizó el panorama político en Chile y afirmó que existe una falta de unidad entre las fuerzas de izquierda.
Ópera Mundi - En el programa 20 MINUTOS INTERNACIONAL Este jueves (01/07), el periodista Breno Altman entrevistó a Marco Enríquez-Ominami, uno de los fundadores del Grupo de Puebla, sobre el escenario político en Chile tras la elección que eligió a los diputados de la nueva Asamblea Constituyente, que pretende acabar con la Constitución de Augusto Pinochet.
El pueblo chileno comprendió que no hay paraíso en entregar los derechos sociales, las pensiones y la salud a los bancos. Por eso, el 80% de la población se opuso a la Constitución del dictador. Lo ganamos todo; fue un mensaje de cambio, que exigía más política, un Estado más fuerte, más derechos sociales y un modelo de desarrollo diferente», celebró.
Por otro lado, consideró que la participación electoral fue baja: apenas 43% de la población, un dato llamativo considerando la ola de protestas que vivió el país en 2019.
La derecha perdió por goleada, perdiendo al presidente de Chile [Sebastián Piñera, del partido liberal Renovación Nacional], a la oligarquía, a los medios de comunicación. Pero la oposición sale victoriosa, y la más victoriosa. Si pensamos en los efectos a largo plazo, primero ganaron los independientes, luego el Partido Comunista, y después nosotros [la coalición Unidad Constituyente]. La Asamblea Constituyente es un triunfo de las calles, no de la izquierda —argumentó—.
Según Enríquez-Ominami, la izquierda no logró movilizar a la población para votar y la clase política "no logró conmover a los chilenos". Otros factores que afectaron las elecciones, en opinión del político, fueron el aplazamiento de la votación, la pandemia de COVID-19, pero principalmente los errores de la izquierda: "No hay justificación. Hubo demasiadas listas, lo que complicó la votación. Y no estimulamos la conciencia cívica; en Chile somos más consumidores que ciudadanos".
Alianzas políticas y elecciones presidenciales
Ante el resultado de la Asamblea Constituyente, Enríquez-Ominami evaluó el panorama político chileno de cara a las elecciones presidenciales de noviembre y la posibilidad de que la izquierda regrese al poder, con el Partido Comunista, por ejemplo, cuyo desempeño en el referéndum fue muy positivo.
El reto de la revolución aún está lejos. No creo que el Partido Comunista sea tan izquierdista, porque ya se ha aliado con políticos tradicionales. Son pragmáticos. Por lo tanto, creo que están cometiendo un error. Si no abrazan la idea de la unidad, perderán en la segunda vuelta. Ya hicieron pactos con Michelle Bachelet [expresidenta del Partido Socialista] y ahora creen que pueden ganar solos, pero no pueden”, enfatizó el político.
Abogó por un frente amplio contra la derecha: «Prefiero una coalición de pecadores [que una a la izquierda y al centro] a que gane la derecha». Y confesó temer que, a pesar de la reciente victoria, las fuerzas conservadoras se reorganizaran y se presentaran con la unidad que les falta a los progresistas.
Acudimos a las urnas muy divididos. Ya hubo baja participación en las elecciones constituyentes, y no creo que haya una mayor participación en las presidenciales. Necesitamos unidad en la campaña y en la candidatura para ganar. Y no hay unidad», enfatizó.
¿Una nueva realidad latinoamericana?
Como uno de los fundadores del Grupo de Puebla, organización formada por 30 líderes de 12 países latinoamericanos, que este mes celebra su segundo aniversario, Enríquez-Ominami también analizó la situación latinoamericana y los retrocesos de los gobiernos neoliberales conservadores en la región.
La izquierda creó sociedades de consumo, no sociedades ciudadanas. Al final, no vimos llegar a esta derecha, con la ayuda de la diplomacia estadounidense. Hubo una ofensiva fuera del marco legal, en varios países, que no supimos cómo enfrentar, recordó.
Actualmente, el político dijo que ve con buenos ojos los nuevos movimientos que se están desarrollando en América Latina, pues podrían volver a colocar a la región en el centro de la diplomacia global y reincorporar a los organismos regionales a los foros multilaterales, "pero no sé si veremos grandes cambios".
Para ello, reforzó la importancia de grupos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), rechazando iniciativas como el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR) –“el Grupo de Puebla cree que es ideológico y la política exterior debe ser más política y objetiva que ideológica”– y el Grupo de Lima, por ser una iniciativa de Estados Unidos.
Cualquiera inteligente es pesimista porque poco cambiará. Con la excepción de Brasil y México, y quizás Argentina y Colombia, el resto de Latinoamérica es irrelevante para las grandes potencias; no existimos para la diplomacia estadounidense, por ejemplo. Con [Joe] Biden, no creo que eso cambie. [Donald] Trump fue el más violento, para ser justos, y Biden quiere dialogar, pero la política exterior sigue igual”, reflexionó.
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