INICIO > Mundo

"Dios nunca se cansa de perdonar."

Éste fue el tono de las primeras palabras de Francisco I a los fieles este domingo en el Vaticano.

"Dios nunca se cansa de perdonar."

Por Philip Pullella

CIUDAD DEL VATICANO, 17 de marzo (Reuters) - El Papa Francisco asumió el papel de un simple párroco este domingo, oficiando una misa para la comunidad residente del Vaticano e instando a los oyentes a no condenar rápidamente a otros por sus fracasos.

El Papa Francisco, ex cardenal Jorge Bergoglio, celebró una misa para varios cientos de personas en la iglesia de Santa Anna, ubicada dentro de los muros del Vaticano y utilizada por los trabajadores de la ciudad-estado.

Antes de entrar a la pequeña iglesia, Francisco se detuvo a saludar a sus partidarios que formaban fila cerca de una puerta del Vaticano gritando "Francesco, Francesco, Francesco", su nombre en italiano.

Charló y se rió con muchos de ellos antes de señalar el reloj de plástico negro que llevaba en la muñeca y decir: "Son casi las diez, tengo que entrar. Me están esperando".

Vestido con los ornamentos morados del tiempo litúrgico de Cuaresma, que termina en dos semanas el Domingo de Pascua, pronunció una breve homilía en italiano, centrada en el relato evangélico de la multitud que quería apedrear a una mujer que había cometido adulterio.

Jesús les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». Luego le dijo a la mujer: «Vete y no peques más».

"Creo que a veces somos como esas personas que, por un lado, quieren escuchar a Jesús, pero, por otro, les gusta tirar piedras y condenar a los demás. El mensaje de Jesús es este: misericordia", dijo.

«Digo con toda humildad que éste es el mensaje más fuerte del Señor: la misericordia», afirmó Francisco hablando en voz baja.

El Papa, que este domingo dará su primera bendición desde la ventana de sus apartamentos papales a decenas de miles de personas en la Plaza de San Pedro, afirmó que las personas deben estar abiertas a la misericordia de Dios, incluso aquellas que han cometido pecados graves.

«El Señor nunca se cansa de perdonar, ¡nunca! Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón», afirmó.

«Pidamos la gracia de no cansarnos nunca de pedir perdón, porque Él no se cansa nunca de perdonar», afirmó.

Al final de la misa, esperó fuera de la iglesia y saludó a la gente que salía, como si fuera un párroco. Y a muchos de ellos les pidió al salir: «Recen por mí».