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Japón aún no domina la tecnología para filtrar elementos radiactivos.

La comunidad internacional no debe permitir que Japón haga lo que quiera, comenta China Radio Internacional.

Japón aún carece de la tecnología para filtrar elementos radiactivos (Foto: Reuters/Kyodo)

Radio Internacional de China - Desde que comenzó a verter aguas residuales de la central nuclear de Fukushima al mar, el gobierno japonés siempre ha mantenido que el método es seguro. Pero un reportaje emitido el 20 por NHK sorprendió al mundo entero.

Según el informe, la empresa japonesa Tokyo Electric Power Company (Tepco), responsable del tratamiento del agua contaminada, busca tecnologías para filtrar un elemento radiactivo llamado tritio. La opinión pública criticó al gobierno japonés por atreverse a verter aguas residuales al mar sin dominar las tecnologías de filtración.

Cabe recordar que, en noviembre de 2013, los medios japoneses informaron que, tras varios debates, el gobierno japonés determinó que el país aún no contaba con la tecnología para filtrar el tritio del agua contaminada y decidió dejar el asunto de lado. A día de hoy, el problema sigue sin resolverse. ¿Cómo puede Japón convencer al mundo de que esta agua contaminada es segura?

El gobierno japonés y Tepco ya están acostumbrados a mentir sobre este asunto, lo cual perjudica los intereses de toda la humanidad. Por ejemplo, en mayo de este año, se produjo una fuga de aguas residuales en la planta de Fukushima, pero Tepco intentó ocultar la verdad y solo la reconoció después de que la prensa la revelara.

Esta vez, Tepco solicitó públicamente tecnologías de filtración, pero puede que sea sólo un "espectáculo" y nadie sabrá si realmente dominarán dichas tecnologías o no.

A lo largo de la historia, Japón ha causado graves desastres humanitarios mediante guerras de agresión. Sin embargo, algunos políticos japoneses aún se niegan a reconocer esta historia. Ahora, el país emprende otro proyecto que perjudica la salud humana y el medio ambiente del planeta. Lo que hacen los japoneses constituye un desafío a la justicia y la conciencia humana.

La comunidad internacional no debe permitir que Japón haga lo que quiera.