INICIO > Mundo

El método Lava Jato se extiende por América Latina contra los gobiernos progresistas.

Expertos señalan que el fenómeno, evidente en Argentina y Brasil, es perjudicial para la democracia y la ciudadanía; algunos ejemplos son Argentina y Ecuador, bajo los gobiernos de Cristina Kirchner y Rafael Correa, respectivamente; informe de Cristiane Sampaio, en Brasil de Fato.

El método Lava Jato se extiende por América Latina contra gobiernos progresistas (Foto: Marcos Brindicci/Reuters)

Por Cristiane Sampaio, en Brasil de traje - La politización del Poder Judicial, sacada a la luz por la Operación Lava Jato, es un tema de gran actualidad en los medios de comunicación y genera malestar en la sociedad.

Además, ha provocado una intensa reflexión por parte de juristas y otros expertos que siguen los movimientos de los diferentes actores del llamado “sistema de justicia”.

El término abarca a los miembros del Ministerio Público, la Defensoría Pública, los abogados públicos y privados, así como a los jueces de los diferentes niveles del poder judicial. En términos más generales, los agentes de la policía federal también pueden considerarse actores de este sistema.

En resumen, el proceso de judicialización de la política se caracteriza por el papel del Poder Judicial en la decisión de grandes cuestiones políticas, y esto no es exclusivo de Brasil, como destaca el investigador Fábio Kerche, de la Fundación Casa de Rui Barbosa.

Muchos países pasan por esto. Solo que, en el caso Lava Jato, lo vemos de forma exacerbada. Es una hipertrofia del sistema de justicia en su conjunto, afirma.

El fenómeno se ha extendido a otros países de América Latina, como Argentina y Ecuador.

Tomando como ejemplo el caso argentino, recientemente la expresidenta Cristina Kirchner, actualmente senadora, fue acusada de encabezar una red de sobornos.

La expresidenta fue objeto de órdenes de allanamiento e incautación en algunas de sus propiedades.

La defensa niega las acusaciones y señala irregularidades en el proceso legal.

Todo el caso se origina en notas en cuadernos hechos por un ex chofer del gobierno, en lo que se ha llamado los "Cuadernos de la Corrupción"; en estos cuadernos supuestamente se describen pagos de sobornos.

Para analizar este caso, así como el del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, juristas y otros especialistas han utilizado el término "lawfare", que se refiere al uso abusivo de las leyes con el objetivo de perjudicar a una figura política.

Según la investigadora Silvina Romano, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) en Buenos Aires, tanto Lula como Cristina son ejemplos emblemáticos de esta cuestión.

"Hay una similitud con el desarrollo del caso de Lula, en el sentido de que un sector del Poder Judicial, junto con los medios de comunicación, se ocupa de distorsionar o mal utilizar las herramientas del Estado de derecho para actuar contra una persona con el fin de denigrarla y quitarle popularidad y presencia pública", relata Silvina Romano.

El profesor también señala que la persecución política a través del sistema judicial tiene objetivos que van más allá de destruir la imagen de los líderes progresistas. La iniciativa también está dirigida a las nuevas generaciones.

"Su objetivo es atemorizar o disuadir a los jóvenes de participar en política. Y, más aún, disuadirlos de participar en proyectos políticos que estén dispuestos a luchar contra el neoliberalismo", señala.

Destaca que el problema tiene graves consecuencias no sólo para la ciudadanía, pues aleja a los jóvenes de la política, sino también, como efecto en cadena, para el fortalecimiento del sistema democrático.

Si se desalienta a los jóvenes a proyectarse como sujetos capaces de participar en proyectos comunitarios que transformen el sistema, ¿quiénes serán nuestros futuros líderes? Pues serán los hijos de una élite que no está dispuesta a aceptar ningún cambio. Eso me parece muy grave, afirma.

Brasil

Volviendo al caso brasileño, Fábio Kerche, de la Fundación Casa de Rui Barbosa, señala que el problema no es reciente y comenzó a germinar en las últimas décadas.

Explica que las razones están relacionadas, especialmente, con el formato de la Constitución Federal de 1988.

Entre otras cosas, la Constitución separó al Ministerio Público del Poder Ejecutivo y le otorgó autonomía al órgano, que tiene la responsabilidad de supervisar el cumplimiento de las leyes.

El nuevo desarrollo estuvo vinculado a la falta de instrumentos consistentes para supervisar la actuación de los miembros del Ministerio Público, representados por fiscales y procuradores generales.

Kerche sostiene que, con poca supervisión, estos actores ganaron mayor poder durante los gobiernos del PT, bajo la justificación de otorgar autonomía a la agencia.

El período estuvo marcado por una ampliación de las herramientas operativas del Ministerio Público –y también de la Policía Federal–, además de un aumento del poder de decisión de esos órganos.

El experto señala que el nuevo escenario fortaleció aún más a los actores del sistema de justicia y culminó con el encarcelamiento del expresidente Lula (PT).

"Cuando se da autonomía y discreción a actores que no rinden cuentas a nadie, estamos en cierto modo a merced de sus decisiones personales, que les permiten imponer su visión del mundo sin consultar a nadie y no ser castigados por ello, lo cual es muy extraño desde el punto de vista de la democracia", afirma.

Editado por: Vivian Fernandes