México: El desastre neoliberal que inspiró a Brasil después del golpe
El economista Marcelo Manzano señala que, desde que la doctrina neoliberal se extendió por Latinoamérica, México fue probablemente el país que más sucumbió a los cantos de sirena que emanaban de Washington: «Entre 1987 y 2016, el valor del salario mínimo cayó un 79%, llevando a 32 millones de trabajadores mexicanos (el 60% de la población económicamente activa) a un estado de pobreza extrema, es decir, sin ingresos suficientes para adquirir productos de primera necesidad», afirma. «Ante tal calamidad, es difícil decir qué es más trágico: la prolongada desintegración de una nación vigorosa como México o la insistencia de muchas naciones latinoamericanas en seguir tardíamente el mismo camino hacia el desastre».
Por Marcelo Manzano, en Fundación Perseo Abramo - Desde que la doctrina neoliberal se extendió por Latinoamérica, México fue probablemente el país que más abrazó el canto de sirena que emanaba de Washington. Apostó todo por la liberalización comercial, privatizó empresas y servicios públicos, y abrió sus puertas al deleite de los grupos financieros internacionales.
Después del colapso monetario que devastó al país en 1994/1995, los mexicanos redoblaron sus esfuerzos, entregando sus reservas petroleras a grandes empresas de su vecino del norte y reduciendo las regulaciones del mercado laboral para atraer mayores flujos de capital extranjero a su territorio.
Nada de eso ayudó. En la década de 2000, México observó desde la barrera el avance de sus vecinos latinoamericanos, tanto en términos de crecimiento del PIB como de progreso social. Mientras las empresas maquiladoras del norte del país intensificaban el comercio con Estados Unidos —a menudo sirviendo como simples puntos de tránsito para productos chinos—, la brecha social se amplió en todo México, con el crimen organizado y el narcotráfico tomando control de regiones enteras del país e infiltrándose en las instituciones políticas.
La regresión se percibe por doquier. A pesar de una población vibrante y una cultura tan rica como original, el México posneoliberal es quizás el retrato más dramático de lo que esta doctrina es capaz de producir.
Sólo a modo de ejemplo, cabe mencionar algunos de los muchos datos contenidos en un estudio elaborado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM (leer aquí) sobre el deterioro del mercado laboral y de las condiciones de vida en ese país.
Entre 1987 y 2016, el valor del salario mínimo se redujo un 79%, lo que llevó a 32 millones de trabajadores mexicanos (el 60% de la población económicamente activa) a la pobreza, es decir, a la falta de ingresos suficientes para adquirir la canasta básica alimentaria (la canasta alimentaria recomendada). Durante el mismo período, por cada peso adicional en el ingreso nominal de los trabajadores, el costo de la canasta básica alimentaria aumentó en 5 pesos. En consecuencia, mientras que en 1987 un trabajador con un ingreso promedio necesitaba 4 horas y 53 minutos de trabajo para adquirir la canasta básica alimentaria diaria, para 2007 requería 15 horas y 55 minutos, y para 2016 habría tenido que trabajar prácticamente todo el día (23 horas y 38 minutos) para obtener la misma canasta básica alimentaria. (Véase la tabla a continuación).
Ante tal calamidad, es difícil decir qué es más trágico: la prolongada desintegración de una nación vigorosa como México, o la insistencia de muchas naciones latinoamericanas en seguir tardíamente el mismo camino hacia el desastre.