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El discreto milagro de la izquierda uruguaya: 15 años de crecimiento ininterrumpido.

Mientras Argentina y Brasil enfrentan crisis políticas y económicas, Uruguay se erige como una isla de tranquilidad en América del Sur; la estabilidad económica, política y fiscal, sumada a la distribución del ingreso, han permitido a Uruguay lograr 15 años de crecimiento económico ininterrumpido.

Mientras Argentina y Brasil enfrentan crisis políticas y económicas, Uruguay se erige como una isla de tranquilidad en América del Sur; la estabilidad económica, política y fiscal, sumada a la distribución del ingreso, han permitido a Uruguay lograr 15 años de crecimiento económico ininterrumpido (Foto: Charles Nisz).

247 - Mientras Brasil y Argentina se ven convulsionados por crisis políticas y económicas, Uruguay parece un remanso de paz social y política junto a estos dos gigantes. Liderado por el izquierdista Frente Amplio desde 2005, Uruguay está a punto de completar 15 años de crecimiento ininterrumpido. Un hito histórico para esta pequeña nación de 3,3 millones de habitantes. Sin recursos naturales significativos, el país vive de la agricultura y el turismo, y cuenta con un activo importante: un sistema político libre de corrupción.

No siempre fue así. El país dependía de Brasil y Argentina. Un chiste uruguayo decía que cuando Brasil y Argentina tosían, Uruguay se resfriaba. Durante la crisis argentina de 2002, hubo una fuga de capitales y el 40% de la población vivía en la pobreza. En 2005, Uruguay era el segundo mayor deudor del mundo en términos relativos. Se renegoció la deuda con el FMI y se aprendió la lección: dependencia, nunca más.

Protagonista de la década dorada de la izquierda latinoamericana, Uruguay no ha abandonado la ortodoxia económica. Muchos críticos del Frente Amplio afirman que su política económica nunca fue izquierdista. Danilo Astori, ministro de Economía de Uruguay, afirma que las transformaciones estructurales fueron izquierdistas, pero que nada funciona en medio del desorden económico, fiscal y político. Hoy, solo el 9% de la población uruguaya vive en la pobreza. El país supo aprovechar el auge de las materias primas y el crecimiento de China para reducir su dependencia de Brasil y Argentina.

Uruguay funciona bien, como lo demuestra la continua afluencia de inversiones y la presencia de marcas internacionales de todo tipo en los centros comerciales de Montevideo. Pero el milagro uruguayo es discreto: el PIB creció un 1,5 % en 2016 y se espera que crezca un 1,6 % o ligeramente más en 2017. A pesar del crecimiento del 4,3 % en el primer trimestre del año, las encuestas muestran descontento público: el gobierno actual, liderado por Tabaré Vázquez, tiene índices de aprobación históricamente bajos (alrededor del 30 %), sin escándalos de corrupción, pero con algunos casos de mala gestión.

Se critica la falta de modernización de los servicios públicos, mejoras en la educación y la infraestructura. Además, este año el gobierno aumentó los impuestos, lo que dañó el poder adquisitivo. En un país que valora la igualdad social, esto tiene un gran impacto. Pero tanto el gobierno como los analistas rechazan la idea de que Uruguay sobrevive por ser un "paraíso fiscal", la "Suiza de América". El milagro uruguayo esta vez va en una dirección diferente, siempre distinta a la de sus vecinos y de quienes fueron sus aliados políticos en la izquierda latinoamericana, como Venezuela. Si bien legalizó la venta de marihuana en farmacias sin mayor controversia, el país de Mujica también muestra una tercera vía política y económica.