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El ejército de insectos del Pentágono

Enjambres de insectos portadores de virus infecciosos genéticamente modificados atacan los cultivos de un país, destruyendo su producción de alimentos: no se trata de un escenario de ciencia ficción, sino de lo que está preparando la Agencia para Proyectos de Investigación Científica Avanzada (DARPA) del Pentágono.

El ejército de insectos del Pentágono

247, con Resistencia, de Manlio Dinucci (*) - Enjambres de insectos portadores de virus infecciosos genéticamente modificados atacan los cultivos de un país y destruyen su producción de alimentos: no se trata de un escenario de ciencia ficción, sino de lo que está preparando la Agencia para Proyectos de Investigación Científica Avanzada (DARPA) del Pentágono.

Así lo revela "Science", una de las revistas científicas más prestigiosas, a través de un artículo de cinco científicos de dos universidades alemanas y una francesa. En el editorial publicado el 5 de octubre, cuestionan firmemente si el programa de investigación de DARPA, llamado "Insect Allies", tiene únicamente el objetivo declarado por la Agencia: proteger la agricultura estadounidense de patógenos, utilizando insectos como vectores de virus infecciosos modificados genéticamente que, al transmitirse a las plantas, modifican sus cromosomas.

Esta capacidad —argumentan los cinco científicos— parece muy limitada. Por el contrario, en el mundo científico existe la percepción generalizada de que el programa pretende desarrollar agentes patógenos y sus vectores con fines hostiles, es decir, un nuevo sistema de armas biológicas.

Esto viola la Convención sobre Armas Biológicas, en vigor desde 1975, que ha quedado en gran parte en el papel debido a la negativa de Estados Unidos a permitir inspecciones de sus propios laboratorios.

Los cinco científicos precisan que “simples simplificaciones serían suficientes para generar un nuevo tipo de arma biológica extremadamente transmisible a especies agrícolas sensibles, diseminando insectos como medio de transporte”.

El escenario de un ataque a los cultivos alimentarios de Rusia, China y otros países, llevado a cabo por el Pentágono con enjambres de insectos portadores de virus infecciosos genéticamente modificados, no es ciencia ficción.

El programa de DARPA no es el único que utiliza insectos con fines militares. El laboratorio de investigación de la Armada de los Estados Unidos encargó a la Universidad de Washington en San Luis una investigación para transformar langostas en drones biológicos. Mediante un electrodo implantado en el cerebro y un pequeño transmisor en el lomo del insecto, el operador en tierra puede comprender lo que captan las antenas de la langosta.

Estos insectos tienen un sentido del olfato tan agudo que pueden detectar instantáneamente varios tipos de sustancias químicas en el aire: esto les permite identificar depósitos de explosivos y otros objetivos que pueden ser atacados por un ataque aéreo o con misiles.

El editorial de los cinco científicos en "Science" plantea escenarios aún más preocupantes. El programa DARPA —se destaca— es el primero en desarrollar virus genéticamente modificados para su liberación al medio ambiente, que podrían infectar a otros organismos, no solo a los agrícolas. En otras palabras, entre los organismos objetivo de los virus infecciosos transmitidos por insectos, también podrían estar los humanos.

Se sabe que, durante la Guerra Fría, en laboratorios estadounidenses y de otros países se investigaron bacterias y virus que, propagados por insectos (pulgas, moscas, garrapatas), podían causar epidemias en el país enemigo. Entre estos se encontraban la bacteria Yersinia pestis, causante de la peste bubónica (la temida "Peste Negra" de la Edad Media), y el virus del Ébola, contagioso y letal.

Con las técnicas disponibles hoy en día, es posible producir nuevos tipos de patógenos, propagados por insectos, contra los cuales la población objetivo no tendría defensa.

Las "plagas" que, según la narrativa bíblica, azotaron Egipto con inmensas nubes de mosquitos, moscas y langostas por voluntad divina, podrían hoy azotar al mundo entero por voluntad humana. Esto no es lo que dicen los profetas, sino lo que afirman estos científicos, que han permanecido humanos.

Resistencia, con Il Manifesto

(*) Periodista y geógrafo. Traducido por José Reinaldo Carvalho. Por Manlio Dinucci (*)

Enjambres de insectos portadores de virus infecciosos genéticamente modificados atacan los cultivos de un país y destruyen su producción de alimentos: no se trata de un escenario de ciencia ficción, sino de lo que está preparando la Agencia para Proyectos de Investigación Científica Avanzada (DARPA) del Pentágono.

Así lo revela "Science", una de las revistas científicas más prestigiosas, a través de un artículo de cinco científicos de dos universidades alemanas y una francesa. En un editorial publicado el 5 de octubre, cuestionan firmemente si el programa de investigación de DARPA, llamado "Insect Allies", tiene únicamente el objetivo declarado por la agencia: proteger la agricultura estadounidense de patógenos, utilizando insectos como vectores de virus infecciosos modificados genéticamente que, al transmitirse a las plantas, modifican sus cromosomas.

Esta capacidad —argumentan los cinco científicos— parece muy limitada. Por el contrario, en el mundo científico existe la percepción generalizada de que el programa pretende desarrollar agentes patógenos y sus vectores con fines hostiles, es decir, un nuevo sistema de armas biológicas.

Esto viola la Convención sobre Armas Biológicas, en vigor desde 1975, que ha quedado en gran parte en el papel debido a la negativa de Estados Unidos a permitir inspecciones de sus propios laboratorios.

Los cinco científicos precisan que “simples simplificaciones serían suficientes para generar un nuevo tipo de arma biológica extremadamente transmisible a especies agrícolas sensibles, diseminando insectos como medio de transporte”.

El escenario de un ataque a los cultivos alimentarios de Rusia, China y otros países, llevado a cabo por el Pentágono con enjambres de insectos portadores de virus infecciosos genéticamente modificados, no es ciencia ficción.

El programa de DARPA no es el único que utiliza insectos con fines militares. El laboratorio de investigación de la Armada de los Estados Unidos encargó a la Universidad de Washington en San Luis una investigación para transformar langostas en drones biológicos. Mediante un electrodo implantado en el cerebro y un pequeño transmisor en el lomo del insecto, el operador en tierra puede comprender lo que captan las antenas de la langosta.

Estos insectos tienen un sentido del olfato tan agudo que pueden detectar instantáneamente varios tipos de sustancias químicas en el aire: esto les permite identificar depósitos de explosivos y otros objetivos que pueden ser atacados por un ataque aéreo o con misiles.

El editorial de los cinco científicos en "Science" plantea escenarios aún más preocupantes. El programa DARPA —se destaca— es el primero en desarrollar virus genéticamente modificados para su liberación al medio ambiente, que podrían infectar a otros organismos, no solo a los agrícolas. En otras palabras, entre los organismos objetivo de los virus infecciosos transmitidos por insectos, también podrían estar los humanos.

Se sabe que, durante la Guerra Fría, en laboratorios estadounidenses y de otros países se investigaron bacterias y virus que, propagados por insectos (pulgas, moscas, garrapatas), podían causar epidemias en el país enemigo. Entre estos se encontraban la bacteria Yersinia pestis, causante de la peste bubónica (la temida "Peste Negra" de la Edad Media), y el virus del Ébola, contagioso y letal.

Con las técnicas disponibles hoy en día, es posible producir nuevos tipos de patógenos, propagados por insectos, contra los cuales la población objetivo no tendría defensa.

Las "plagas" que, según la narrativa bíblica, azotaron Egipto con inmensas nubes de mosquitos, moscas y langostas por voluntad divina, podrían hoy azotar al mundo entero por voluntad humana. Esto no es lo que dicen los profetas, sino lo que afirman estos científicos, que han permanecido humanos.

(*) Periodista y geógrafo. Publicado originalmente en Il Manifesto; traducido por José Reinaldo Carvalho para www.resistencia.cc