¿Cuál es el juego de la oposición venezolana?
La pacificación beneficia a la revolución. El clima de guerra permanente, el juego de los conservadores...
El guion que sigue Henrique Capriles, el candidato derrotado en las elecciones del domingo, debe observarse con atención. Además de revelar la naturaleza de la derecha local, los acontecimientos que se están desarrollando ayudan a comprender el conjunto de iniciativas que ya se están promoviendo contra los gobiernos de izquierda en América Latina.
Aprovechando el estrecho margen con el que Nicolás Maduro ganó las elecciones, el bando conservador alega fraude. Hasta el momento, no se han presentado pruebas sólidas que sugieran que esto ocurrió. Por el contrario, la abrumadora mayoría de los observadores internacionales dan fe de la integridad del proceso electoral. Sin embargo, el relativo debilitamiento de la base chavista se percibe como una oportunidad para intensificar la confrontación.
Aunque, salvo en los círculos más extremistas, no se cree que existan condiciones para un golpe de Estado, la estrategia de la derecha es forzar la situación y crear un clima de guerra que paralice al gobierno. Los partidarios de Maduro maniobran para forzar la situación, debilitar su liderazgo e impedir que el gobierno se dedique a gobernar el país.
Cuanto más se prolongue la agenda electoral, más cómoda se sentirá la oposición para obstaculizar la iniciativa política. Cuanto más conflicto y violencia haya en las calles, más victimismo y tácticas escandalosas tendrán los conservadores a su disposición para obstruir el funcionamiento de Venezuela.
Si hacemos una comparación, el objetivo realista de la derecha no es el levantamiento militar-oligárquico de abril de 2002, sino el paro patronal y petrolero de finales de ese año. Cualquier inacción gubernamental es una condición previa, en los planes antichavistas, para preparar el terreno para las elecciones municipales de julio, las parlamentarias de 2014 y el posible referéndum revocatorio del mandato de Maduro en 2016.
La naturaleza fascista de la derecha venezolana obliga al Estado y al PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) a actuar para impedir que los grupos violentos tomen las calles. Sin embargo, no pueden caer en la trampa de una espiral de confrontación, ya que esto pone en entredicho la legitimidad de los resultados electorales, algo que solo beneficia a la derecha.
Cabe tener en cuenta que aproximadamente 650 votantes cambiaron su voto entre octubre y abril, de Chávez a la abstención o directamente a Capriles. El bando progresista ganó de forma transparente, pero con una reducción de sus recursos electorales. Por lo tanto, es urgente combinar la defensa de la legalidad con medidas relacionadas con problemas concretos, en un movimiento para consolidar y ampliar la mayoría política.
Bloquear la opinión pública, o aceptar su bloqueo, podría profundizar el cansancio entre los partidarios más vulnerables de la revolución bolivariana. Sin duda, el gobierno debe reprimir severamente, a través de sus instituciones, cualquier amenaza a la Constitución. Pero el apoyo a Maduro podría crecer si presentara de inmediato un programa para impulsar las reformas sociales, la gestión administrativa y la resolución de los cuellos de botella económicos.
Como presidente de todos los venezolanos, priorizando la agenda de futuro, al nuevo líder le resultaría más fácil frenar la ofensiva de la derecha aislando a sus sectores más agresivos. La pacificación beneficia a la revolución. El clima de guerra permanente es el juego de los conservadores.
