Trump amenaza con imponer un arancel del 200% a los vinos franceses para presionar a Macron a unirse al "Consejo de Paz".
Presidente de EEUU dice que impuesto a vinos y champanes haría líder francés sumarse a iniciativa global; Francia señala rechazo y Lula considera invitación.
247 - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que pretende imponer un arancel del 200% a los vinos y champanes franceses, afirmando que la medida serviría para presionar al presidente francés, Emmanuel Macron, para que se una a la "Junta de la Paz", una iniciativa concebida por Trump y presentada como un mecanismo para ayudar a resolver conflictos internacionales.
La información fue publicada por Reuters, con base en declaraciones del propio Trump en Washington el 19 de enero, en medio de reacciones cautelosas de gobiernos y diplomáticos a la invitación extendida a decenas de países para sumarse a la propuesta estadounidense. También fue invitado el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.Pero aún no se ha tomado ninguna decisión.
La amenaza de los aranceles como instrumento de presión política.
Según Trump, el aumento arancelario tendría un objetivo explícito: obligar a Macron a unirse al consejo. Al ser interrogado por un periodista sobre la postura del presidente francés, quien no tiene intención de participar, Trump reaccionó con burla y provocación personal.
"¿Dijo eso? Bueno, nadie lo quiere porque pronto dejará el cargo.""Trump dijo, según el informe de Reuters."
Posteriormente, el presidente estadounidense insistió en que utilizaría el comercio como palanca para superar la resistencia francesa, citando directamente bebidas icónicas del país europeo.
"Le pondré un impuesto del 200% a sus vinos y champanes, y él vendrá, pero no está obligado a hacerlo"., dijo Trump.
La declaración revela un patrón recurrente en su retórica: el uso de amenazas económicas para intentar obtener beneficios políticos inmediatos, incluso cuando el objetivo es un aliado tradicional de EE. UU. En este caso específico, el mensaje se dirigía a uno de los productos más emblemáticos de Francia, con el potencial de generar fricción interna en el gobierno de Macron y malestar en el sector exportador francés.
Francia señala su rechazo y expresa su malestar ante la iniciativa.
A pesar de la presión pública, una fuente cercana al presidente francés declaró que Francia tiene la intención de declinar la invitación "en este momento", según Reuters. Esta indicación, aunque atribuida a la fuente, sugiere que París no quiere legitimar un acuerdo que, tal como se presenta, plantea interrogantes sobre sus objetivos, gobernanza y consecuencias diplomáticas.
El episodio también pone de relieve una fricción política adicional. Al afirmar que «nadie quiere» a Macron y sugerir que «dejará el cargo muy pronto», Trump desvía el debate del plan de paz hacia un ataque directo contra un jefe de Estado extranjero, algo que tiende a endurecer las posturas y reducir el margen para la adhesión voluntaria.
En la práctica, la negativa francesa indica que el intento de coerción arancelaria podría producir el efecto contrario, solidificando la resistencia y transformando el "Consejo de Paz" en otro punto de discordia entre Washington y las capitales europeas.
¿Qué es el “Consejo de Paz” y por qué se ha vuelto polémico?
Trump propuso la creación de la "Junta de la Paz" en septiembre pasado al anunciar un plan para poner fin a la guerra en Gaza. Desde entonces, la iniciativa se ha descrito como un mecanismo más amplio destinado a "poner fin a los conflictos a nivel mundial", según la invitación enviada a los líderes mundiales la semana pasada, citada por Reuters.
La ampliación de su mandato es uno de los puntos centrales de la controversia. Al dejar de ser un instrumento centrado en un conflicto específico y comenzar a reivindicar la capacidad de intervenir en diversas disputas internacionales, el Consejo inevitablemente se solapa con el terreno institucional ya ocupado por las organizaciones multilaterales, en especial las Naciones Unidas.
Diplomáticos entrevistados por Reuters señalaron que el plan podría perjudicar la labor de la ONU. La advertencia no es meramente institucional. En muchos casos, las iniciativas paralelas, al guiarse por los intereses de una potencia específica, pueden aumentar los desequilibrios de poder, debilitar las negociaciones multilaterales y reducir la legitimidad de los procesos en marcha.
La incomodidad también se relaciona con el proceso de membresía propuesto. Un borrador de carta enviado a unos 60 países, al que tuvo acceso Reuters, establece condiciones financieras para la membresía prolongada en la junta, un elemento que transforma la participación en algo similar a un "club" con una cuota de entrada y cuotas políticas.
La carta prevé un aporte multimillonario y crea una barrera para permanecer en el país.
Según el documento mencionado por Reuters, los gobiernos interesados en mantener su participación durante más de tres años tendrían que aportar 1 millones de dólares en efectivo. Este requisito, además de elevado, sitúa una lógica de financiación en el centro del acuerdo que puede interpretarse como un mecanismo de influencia y jerarquía entre los miembros.
Aunque el proyecto no ha sido presentado públicamente con todos los detalles, la mera existencia de una condición de pago de esta magnitud suele generar tres consecuencias inmediatas.
La primera es política; los países pueden ver la propuesta como un formato que concentra el poder en manos de quienes tienen mayor capacidad de proveer recursos, disminuyendo la idea de igualdad soberana entre los Estados.
La segunda es diplomática: la iniciativa podría abrir un frente de disputa con instituciones multilaterales que ya poseen una legitimidad construida durante décadas, aun cuando enfrentan crisis y limitaciones.
La tercera es geopolítica: al crear un foro paralelo con sus propias reglas, la Casa Blanca puede ser percibida como alguien que busca reposicionar a Estados Unidos como el árbitro central de los conflictos, en un modelo que no depende de los mismos controles y equilibrios que caracterizan a los mecanismos multilaterales tradicionales.
Putin invitó y la señalización geopolítica detrás del consejo.
Otro punto destacado por Trump, según Reuters, fue la invitación al presidente ruso, Vladimir Putin, a unirse al Consejo de Paz. Al comentar sobre el tema, Trump fue directo.
"Fue invitado""dijo el presidente estadounidense."
La mención de Putin añade un delicado matiz geopolítico. Por un lado, la inclusión de Moscú podría ser presentada por Trump como una prueba de "pragmatismo", en la lógica de reunir a adversarios y aliados en un mismo espacio. Por otro lado, invitar a un líder ampliamente asociado con las tensiones internacionales genera desconfianza sobre el verdadero propósito del consejo y su funcionamiento en conflictos que involucran los intereses estratégicos de las grandes potencias.
La posible presencia de Rusia también suele alimentar las divisiones entre los países europeos y Washington, al menos en la forma en que se comunicó el plan. Para los gobiernos que abogan por negociaciones en marcos multilaterales, un consejo creado y condicionado por las normas financieras establecidas por Estados Unidos, con su composición definida por invitaciones, puede verse como un instrumento de poder y no como una arquitectura neutral para la paz.
Entre aranceles y diplomacia, el riesgo de convertir la “paz” en una disputa comercial.
Al amenazar con gravar los vinos y champanes franceses para obligar a Macron a unirse al consejo, Trump transforma el concepto de «paz» en uno de coerción económica. Su retórica sugiere que la membresía sería menos resultado de un consenso diplomático y más una consecuencia de la presión comercial.
El episodio también expone una contradicción central: una iniciativa que afirma estar dirigida a poner fin a los conflictos se promueve mediante un gesto que genera fricción entre aliados y añade inestabilidad a las relaciones económicas. En última instancia, medidas de este tipo pueden generar represalias, disputas comerciales y una escalada política, justo lo contrario de lo que se espera de una agenda de paz.
Por ahora, observamos un movimiento con dos frentes. Trump intenta dar peso internacional al "Consejo de Paz", ampliando las invitaciones e incluyendo nombres con gran impacto simbólico, como Putin. Al mismo tiempo, los gobiernos reaccionan con cautela y resistencia, temiendo que la iniciativa funcione como una plataforma paralela que debilite los mecanismos multilaterales, especialmente la ONU.
Con Francia señalando que no tiene intención de unirse "en esta etapa", la amenaza de un arancel del 200% sobre los vinos y champanes se convierte no sólo en un instrumento de presión, sino también en una prueba de hasta qué punto la diplomacia internacional aceptará que la construcción de un "consejo de paz" se lleve a cabo a través de la intimidación comercial y ataques personales a líderes extranjeros.


