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2013 es el año de la reforma política.

Posponer la reforma una vez más es eludir la responsabilidad que la sociedad espera de los partidos políticos y del Congreso. No hay más margen para esta demora.

La conclusión de los procesos electorales para la dirección de la Cámara de Diputados y el Senado vuelve a poner de relieve la cuestión de la reforma política, en este periodo posterior al Carnaval, como un tema esencial para 2013. Al fin y al cabo, si no aprobamos cambios en nuestro sistema político-electoral este año, es improbable que el Congreso Nacional considere y vote sobre un asunto tan complejo en un año electoral. En otras palabras: o el país avanza ahora, o la demora pospondrá el nuevo ciclo de reformas fundamentales para el desarrollo nacional.

En este asunto, el Partido de los Trabajadores ha visto crecer su responsabilidad. Como uno de los pocos partidos que ha debatido el tema a fondo, adoptando públicamente posturas orientadas a la aprobación de la reforma política, el PT debe tomar la iniciativa ahora. La decisión de elevar la reforma a una de las prioridades del partido este año es un paso importante en esa dirección, que culmina con la serie de seminarios y eventos que conmemoran los 10 años del PT en el poder.

Además, a finales del año pasado, el PT aprobó una campaña para conseguir que el 1% de los votantes registrados (aproximadamente 1,5 millones de personas) firmaran una enmienda de iniciativa popular que exigía financiación pública para las campañas electorales y otros cambios más urgentes y vitales para nuestro partido y sistema electoral; el texto completo de la resolución puede consultarse [aquí/en este enlace]. haciendo clic aquí.

El debate sobre la reforma política es uno de los temas centrales que se abordan en este espacio. Sin embargo, es necesario recordar que el sistema político-electoral vigente en el país ha propiciado una mayor influencia del poder económico en los resultados electorales y un debate cada vez más empobrecido sobre los problemas y las propuestas que los partidos deben presentar a la sociedad.

Por lo tanto, reducir los costos de las campañas, democratizarlas y crear mecanismos para ampliar los compromisos programáticos de los partidos son los principales objetivos de la reforma política. Estos objetivos solo se lograrán si adoptamos el financiamiento público de las campañas, con límites de gasto electoral predefinidos por el Tribunal Electoral, y el sistema de listas de partidos, que amplía el margen de votación programática otorgado a cada partido.

Las declaraciones favorables sobre la reforma, tanto del Ministro Principal de la Secretaría General de la Presidencia de la República, Gilberto Carvalho, como del nuevo presidente nacional de la OAB (Colegio de Abogados de Brasil), Marcos Vinícius Furtado Coêlho, llegan en un momento oportuno, ya que inauguran el año legislativo arrojando luz sobre este tema central para el futuro del país. Al defender la necesidad de una reforma política, Carvalho destaca el fin del financiamiento privado de las campañas políticas como una forma de combatir la corrupción en el país.

El ministro destacó la importancia de un movimiento con representantes influyentes en la sociedad, como la OAB (Colegio de Abogados de Brasil) y la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB). En efecto, sin la participación de partidos políticos, organizaciones, movimientos sociales y la ciudadanía, no habrá reforma política. Esto se debe a que existen numerosos intereses creados y grupos interesados ​​en perpetuar el sistema actual, ya que se benefician de las distorsiones que este genera.

En este sentido, la declaración del presidente de la OAB (Oficina de Abogados de Brasil) de que la organización se movilizará, junto con la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), para lograr una reforma política que ponga fin al financiamiento privado de las campañas electorales es positiva, considerando que este problema es tanto la causa como la raíz de la corrupción.

Debemos aprovechar este momento más favorable en la agenda legislativa para avanzar definitivamente en este tema. Este es uno de los principales obstáculos que el país ha enfrentado durante años. Posponer la reforma una vez más es eludir la responsabilidad que la sociedad espera de los partidos políticos y del Congreso. No hay más margen para esta demora: la reforma política debe aprobarse.