Tras bastidores en la ONU: reuniones privadas preparadas para el encuentro de Lula y Trump
Negociaciones discretas y maniobras políticas desmienten la versión de una reunión “casual” entre los presidentes de Brasil y Estados Unidos en Nueva York
247 - Antes de la histórica reunión en la Asamblea General de la ONU el 23 de septiembre, los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump ya habían mantenido en contacto a sus equipos. Según reveló el Estadão, diplomáticos y ministros de ambos países mantuvieron reuniones secretas para allanar el camino al acercamiento entre Brasil y Estados Unidos, contradiciendo la narrativa oficial de una reunión “sorpresa”.
Según la investigación, la operación diplomática involucró directamente al vicepresidente Geraldo Alckmin y al canciller Mauro Vieira. El 11 de septiembre, Alckmin habló por videoconferencia con Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos. Unos días después, Vieira se reunió con el enviado especial de la Casa Blanca, Richard Grenell, en Río de Janeiro, en una reunión que no fue grabada oficialmente.
Resistencia bolsonarista y presiones tras bastidores
Las negociaciones, celebradas en estricto secreto, fueron objeto de intentos de sabotaje por parte de grupos pro-Bolsonaro en Estados Unidos, liderados por el congresista Eduardo Bolsonaro en colaboración con el movimiento MAGA. A pesar de la presión, ambos gobiernos mantuvieron su línea de diálogo, conscientes de que la condena de Jair Bolsonaro por el Supremo Tribunal Federal a 27 años de prisión había transformado el panorama político.
El día de la reunión en Nueva York
En la sede de la ONU, Trump llegó temprano y escuchó el discurso de Lula en defensa de la soberanía nacional. Horas después, ambos se cruzaron en una sala privada e intercambiaron saludos. "Conocí a Lula y nos abrazamos. Me cayó bien, y yo le caí bien a él. Nos vemos la semana que viene", declaró Trump tras la reunión, en tono cordial, aunque reiteró sus críticas a la condena de Bolsonaro.
Diplomacia para reducir tensiones
Los contactos previos buscaron reducir la desconfianza de Washington. Según informes, Vieira indicó que Brasil no tiene intención de adoptar una postura de confrontación, citando su postura equilibrada dentro del BRICS, su distanciamiento de Nicolás Maduro y su negativa a unirse a la Nueva Ruta de la Seda de China. El mensaje fue claro: el gobierno de Lula busca la autonomía, sin antagonizar a Estados Unidos.
El papel del sector privado
Además de la diplomacia oficial, los empresarios también tomaron medidas. Estadão Menciona que Joesley Batista, de JBS, mantuvo contacto con las autoridades estadounidenses en medio de la crisis, reforzando la necesidad de preservar los canales comerciales.
Estrategia del silencio
No se publicaron registros oficiales: no había notas, fotos ni menciones en diarios. La cautela fue deliberada para evitar la reacción de los grupos opuestos al acercamiento. El secretismo permitió que la "sorpresa" se organizara en Nueva York, incluso después de semanas de cuidadosos preparativos.
Un gesto simbólico pero decisivo
El apretón de manos entre Lula y Trump en la ONU fue el punto culminante de un proceso diplomático llevado a cabo con discreción. Aunque aún está por verse si el acercamiento se traducirá en avances concretos, la reunión representa un cambio en el tono de las relaciones bilaterales e indica que ambos países han decidido centrarse en el diálogo como vía para superar las tensiones recientes.


