La limpieza realizada por Dilma fortalece el movimiento 'Lula, tráela de vuelta'.
En el Congreso está creciendo un movimiento que quiere al expresidente como candidato en 2014; Dilma es vista como fría y cruel.
Marco Damiani_247 – El reloj político que marca la cuenta regresiva para la sucesión presidencial de 2014 se ha adelantado. Los hechos lo confirman. Con la destitución de Wagner Rossi del Ministerio de Agricultura ayer, un movimiento entre parlamentarios de la base aliada, ya denominado "el regreso de Lula", cobró impulso para crecer y consolidarse. Se trata de una referencia directa, entre diputados y senadores, al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva como candidato para suceder a la presidenta Dilma Rousseff. Este movimiento, liderado por dirigentes del PMDB en Brasilia, parte de la premisa de que la propia Dilma tendrá que ceder el paso a la candidatura de Lula. Por las buenas o por las malas.
El grupo que ya sueña con el regreso de Lula apuesta a que el gobierno de Dilma será de "crisis permanente", con ministros siendo duramente criticados por la prensa sin que el presidente intervenga, ni siquiera para apaciguar los ánimos. A diferencia de Dilma, quien ya dejó claro que no ofrecía ningún tipo de protección a los ministros afectados por acusaciones de corrupción y mala gestión, Lula mostró mayor interés en preservar a su gente. Durante sus ocho años en el cargo, se sabe que destituyó a nueve ministros. Sin embargo, a su manera, el entonces presidente buscó suavizar los golpes o actuó directamente para restaurar el prestigio del ministro humillado. Este fue el caso, por ejemplo, del actual senador Romero Jucá (PMDB-RO). Tras renunciar al Ministerio de Seguridad Social en julio de 2005, Jucá regresó con fuerza a la estructura de poder durante el segundo mandato de Lula, quien lo nombró líder del gobierno en el Senado. En el caso más notorio, el de la dimisión del entonces Jefe de Gabinete, José Dirceu, en junio de 2005, Lula convirtió gradualmente a Dirceu en uno de sus principales interlocutores dentro del PT, señalando que, a pesar de las circunstancias, no abandonaría a su antiguo socio. Este tipo de solidaridad es muy valiosa para los políticos y tiene muchas posibilidades de ser un factor decisivo en la elección del candidato.
Con Dilma, al parecer, las cosas son muy distintas a lo que ocurría con Lula. En una demostración de frialdad y objetividad ante los problemas de todos, el presidente determinó que, como primer paso ante una acusación, la ministra acusada deberá dar explicaciones en el Congreso. Cara a cara con los parlamentarios y bajo la atenta mirada de la prensa. Lula, en este sentido, solía emplear todo el poder de sus aliados en la Cámara y el Senado para, precisamente, llevar a cabo maniobras que evitaran citar a miembros del gobierno.
En una entrevista concedida a 247 el martes 16, el exministro Delfim Netto observó que, a diferencia de Lula, la presidenta Dilma no está obsesionada con la reelección. «Dilma no gobierna para ser reelegida, sino para crear un gobierno que deje el país mejor de como lo encontró», afirmó. «Practica una política diferente, por eso no siempre se la entiende». Desde esta perspectiva, a Lula le resultará aún más fácil cumplir su sueño de regresar al Palacio de Planalto cuanto antes. Él mismo ha declarado, en más de una ocasión tras dejar el gobierno, que aún no se ha «desvinculado» del papel de jefe de Estado. Una situación que podría prolongarse hasta 2014.
Al día siguiente de la entrevista de Delfim con 247, el ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo, declaró al periodista Fernando Rodrigues de Folha de S. Paulo que el candidato del PT y su esfera de influencia en 2014 «surgirán de una conversación entre Dilma y Lula». Esta entrevista, sin duda, contribuyó significativamente a acelerar las especulaciones en torno a las lejanas elecciones. Esta aceleración fue tan pronunciada que obligó al propio Lula a frenar. En conversaciones privadas con dirigentes del partido, ya había utilizado la expresión «dispararse en el pie» para describir cómo las primeras discusiones sobre su candidatura podrían perjudicarlo. «Si siguen así, es el principio del fin», comentó su aliado Jorge Vianna (PT-AC). El propio Lula, en conversaciones posteriores con sus interlocutores, afirmó que la decisión de presentarse o no a la reelección recaería en Dilma. La mayoría, sin embargo, cree en la evaluación del ministro Bernardo de que la elección entre Dilma y Lula para las elecciones presidenciales de 2014 se tomará en conversaciones entre Dilma y Lula. Y no solo por Dilma.
Aunque Lula logre controlar este tipo de "queremismo" (término que alude al movimiento político que apoyaba a Getúlio Vargas) dentro del PT (Partido de los Trabajadores) —el movimiento original, en 1945, abogaba por la continuidad de Vargas en el poder—, tendrá aún más trabajo por delante en el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño). Tras la destitución de Rossi —un ministro que, durante su calvario por las acusaciones mediáticas, ni siquiera obtuvo una audiencia especial con el presidente, acudiendo directamente a la Cámara de Diputados para dar su versión de los hechos—, quedó claro que incluso aquellos acusados con un fuerte respaldo político recibirán el mismo trato frío por parte de Dilma. Ella fue la menos comprometida con el apoyo al entonces Jefe de Gabinete, Antônio Palocci; orquestó una verdadera purga administrativa contra Alfredo Nascimento, del Ministerio de Transportes; destituyó al exministro de Defensa, Nelson Jobim, en una conversación personal de cinco minutos; y observó impasible cómo Rossi luchaba entre las acusaciones que finalmente lo abrumaron. Este tipo de comportamiento, si bien por un lado le otorga popularidad a Dilma, por otro le hace perder la confianza de los políticos de su base. Y su postura será crucial para definir el diálogo entre el presidente y Lula sobre quién será, en última instancia, el candidato en 2014, cuando llegue el momento de dicha conversación.
