Fernando Brito: Bolsonaro repite con Bruno y Dom el desprecio que tenía por quienes murieron durante la pandemia
“De ‘es solo una pequeña gripe’ y ‘no soy sepulturero’ a ‘aventura muy peligrosa’ y ‘ambos conocían los riesgos’”, recuerda el periodista de Tijolaço.
247 - El odio y el mal que dominan la mente de Jair Bolsonaro provocan en él un déficit de percepción típico de los gobernantes autoritarios: su deformación mental es tan grande que ni siquiera es capaz de lidiar con la idea de reducción de daños políticos.
En esta tragedia humana del asesinato del activista indígena Bruno Pereira y del periodista Dom Phillips, repite el comportamiento que mostró durante la pandemia de Covid.
En ambos casos, no fue él quien provocó directamente los acontecimientos.
No trajo el virus a Brasil, ni ordenó a un grupo de inmigrantes ilegales ejecutar a la pareja con refinamientos sádicos, pero su odio hacia la gente es tan grande que toma los hechos negativos como algo que debe ser ignorado y minimizado, incluso en las reacciones administrativas del gobierno brasileño.
No hay mucha diferencia en la esencia de sus manifestaciones, aunque, por supuesto, las situaciones son muy diferentes.
Desde "es solo una pequeña gripe" y "no soy sepulturero" hasta "aventura muy peligrosa", "ambos conocían los riesgos" o "ese inglés estaba muy mal visto", en realidad, la misma incapacidad de empatizar, de percibir la conmoción y el sufrimiento y, sobre todo, de reconocer que es necesaria la acción del Estado, cuya iniciativa depende del Estado.
Bolsonaro trata estos hechos como "enemigos" que hay que combatir, no como problemas que hay que resolver. Recurre a generalizaciones como "todos morimos algún día", en el primer caso, y "60 personas desaparecen, ¿por qué preocuparse solo por estas dos?".
Su limitada cognición y su odio acérrimo ni siquiera le permiten fingir que le importa el caso. Al contrario, se esfuerza por dejarlo claro, como esperar un día entero para fingir que siente algo por las familias.
Con la complicidad de malos militares, arrastra al barro la idea de la soberanía que todos tenemos el deber de defender para nuestro país sobre la Amazonia, y que jamás puede ser entendida como destrucción, como observa la excelente María Cristina Fernandes en Valor:
Es bien sabido que Bolsonaro siguió estrictamente el grito de los militares "¡Selva!" con el desmantelamiento de la Funai y el Ibama, la reducción de las multas ambientales, los decretos que permitían la posesión y el porte de armas, y la suspensión de la demarcación de tierras indígenas. Sin embargo, la reacción a las muertes de Bruno y Dom fue aún más lejos. Ignoró el concepto de soberanía nacional que antaño guió a la institución militar en la que sirvió el excapitán.
Felipe Nunes, director de Quaest Pesquisas, publicó en Twitter el mapa arriba, que muestra la distribución, hasta ayer, de las menciones del caso Bruno/Dom, con más de 18 millones de menciones en redes sociales en todo el mundo, en el que la intensidad del azul representa la relevancia que tuvo en cada país.
Dejo al lector imaginar cuántos de ellos son positivos o negativos.
Nunca antes en la historia de este país nadie ha causado tanto daño a la imagen de Brasil y, con ello, pérdidas a la economía y a los ciudadanos de este país.
El cerebro de Jair Bolsonaro es una cloaca de ideas y todo lo que de él sale emana una podredumbre insoportable.
https://tijolaco.net/o-fedor-de-bolsonaro-espalha-se-pelo-mundo/
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