Periodista denuncia "la manipulación del Mundial"
Gabriel Priolli, uno de los profesionales más premiados en la historia de la televisión brasileña, quien dirigió el Jornal Nacional y estuvo al frente de los departamentos de periodismo de cadenas como Record y Gazeta, denuncia: los golpistas harán todo lo posible por sabotear el Mundial de 2014 en Brasil; "¿Quién sabe si, en medio del eventual fiasco del Mundial, los votantes no decidirán culpar a Dilma?", se pregunta Priolli; este domingo, Folha llama a los brasileños a un ensayo de las protestas, ya en enero, en una columna cuyo título repite el lema de los agitadores: "No habrá Mundial"; ¿lo habrá?
247 - Sectores conservadores de la sociedad brasileña, escépticos de su capacidad para acceder al poder por medios convencionales, supuestamente tienen un plan: promover la "aventura catastrófica" del Mundial de 2014 en Brasil. Esta teoría la plantea el periodista Gabriel Priolli, uno de los profesionales más reconocidos de la televisión brasileña.
Hace unos días, la primera vez que expresé esta preocupación, recibí la previsible andanada de críticas. Decían que era paranoia mía, una exageración. Que las convicciones democráticas de la oposición y sus medios de comunicación son incuestionables. Y que las elecciones se celebrarán según las normas, sin ningún intento de tácticas sucias —dijo—. ¿Será así realmente? El periodo previo al golpe de Estado de 1964, en el que muchos no creían que se derrocaría la legalidad, quizá nos enseñe mejor sobre los métodos del conservadurismo para tomar el poder.
Coincidencia o no, la edición de este domingo de Folha incluye una columna con el lema "No habrá Mundial", escrita por quienes pretenden crear disturbios en el país durante el Mundial de 2014 (leer más). aquíLa esperanza de algunos sectores de la sociedad de que se repita lo ocurrido en junio de 2013, durante los Juegos Olímpicos, parece ser una repetición de los sucesos de junio de 2014 para impulsar un cambio en la agenda política del país.
A continuación, el texto de Gabriel Priolli:
El juego de la Copa del Mundo
Por Gabriel Priolli, del blog Priolli
Seis meses después de las protestas que sacudieron numerosas ciudades brasileñas, y tras las quejas expresadas por los manifestantes y las múltiples soluciones propuestas por todos los actores políticos para la extraña crisis que se ha generado, tenemos un panorama muy claro. La mayoría de la población quiere cambiar en el país, pero prefiere que Dilma los lidere y no la oposición. El presidente encabeza todas las encuestas de opinión.
Sin duda, falta mucho para las elecciones, y ya hemos visto cambios espectaculares en la intención de voto en elecciones anteriores, incluyendo candidatos que remontaron en la recta final y ganaron. Por lo tanto, cualquier cosa puede suceder hasta que se anuncien los resultados. Pero, hasta nuevo aviso, Dilma va en cabeza. Los votos combinados de sus oponentes no superan los del candidato respaldado por el gobierno, y todo indica que la elección se decidirá en la primera vuelta.
Sí, pero existe otro escenario posible para este año. En él, las masas volverían a tomar las calles en junio, en pleno Mundial, y causarían tal caos en la competición que sería imposible ignorarlas. Los medios de comunicación de todo el mundo difundirían imágenes de multitudes exigiendo reformas, de grupos armados destruyendo sus objetivos habituales y de la policía reprimiendo con su ya conocida cortesía.
Las escenas darían la impresión de un país sin gobierno y con un gobierno sin legitimidad, impresiones totalmente falsas. Pero ¿qué es la verdad, en realidad, en estos asuntos relacionados con los medios de comunicación y la forma en que se transmite su contenido?
Un gobierno “ilegítimo”, presionado externamente, también se vería acorralado por adversarios internos. Estos amplificarían las protestas al máximo e intentarían imponer su agenda, tal como lo hicieron en 2013. El objetivo es crear un clima de megacrisis, totalmente desconectado de la realidad. Pero ¿qué es la realidad cuando se controla lo que dicen los medios sobre ella?
¿Quién sabe si, en medio del potencial fiasco del Mundial —el caos y las peleas cerca de los estadios, los inevitables problemas de organización exacerbados, las quejas y la ansiedad de los turistas condicionadas por el clima de guerra política en Brasil y, como colofón, una contundente derrota para la selección— los votantes no se inclinarán por culpar a Dilma? ¿Quién sabe si optarán por una alternativa de la oposición en las urnas?
Cada vez hay más pruebas de que los sectores conservadores, dudando de su capacidad para ganarse a los votantes por medios convencionales, están considerando embarcarse en la catastrófica aventura del Mundial. Su intención es que el mayor evento jamás celebrado en el país fracase estrepitosamente, causando la máxima vergüenza y daño al gobierno actual. Creen que cosecharán los frutos de este acto de traición.
Es repugnante pensar que, para obtener el poder de «arreglar» el país, alguien considere aceptable destruir nuestra imagen internacional. Que Brasil sea penalizado durante décadas por su «incapacidad» para albergar grandes eventos internacionales. Y que esto suceda con base en mentiras y manipulación de la opinión pública.
Pero, lamentablemente, la posibilidad es muy real. De aquí a junio, probablemente veremos nuevos llamamientos a las masas para que vuelvan a las calles y celebren manifestaciones «espontáneas». Seremos testigos de la incitación explícita a actos destinados a desestabilizar al gobierno. «¡No habrá Mundial!», gritarán de nuevo los militantes, con todas las cámaras y micrófonos a su disposición.
Hace unos días, la primera vez que expresé esta preocupación, recibí la previsible andanada de críticas. Decían que era paranoia mía, una exageración; que las convicciones democráticas de la oposición y sus medios de comunicación son incuestionables; y que las elecciones se celebrarán según las normas, sin ningún intento de tácticas sucias.
¿Es eso realmente así? El período previo al golpe de Estado de 1964, en el que muchos no creían que se derrocaría la legalidad, quizá nos enseñe mejor sobre los métodos del conservadurismo para tomar el poder. Y sobre cómo se destaca en la destrucción de la democracia, con el fin de «salvarla» de la amenaza de los gobiernos populares.
¿Por qué deberíamos confiar ahora en quienes no fueron de fiar en el pasado y siguen sin serlo?