Lula defiende un mundo multipolar, la paz mundial y critica al Estado mínimo en su discurso en el G7.
"Un mundo más democrático en el proceso de toma de decisiones que afecta a todos es la mejor garantía de paz", afirmó el presidente.
247 - El presidente Lula participó en la sesión titulada "Trabajando juntos para enfrentar múltiples crisis". Agradeció al primer ministro Kishida la invitación a Brasil para participar en el segmento ampliado de la Cumbre de Hiroshima. En su discurso, Lula expuso las debilidades y errores de los dogmas neoliberales. Vea el video:
Quiero agradecer al Primer Ministro Kishida por invitar a Brasil a participar en el segmento ampliado de la Cumbre de Hiroshima. Esta es la séptima vez que me invitan a una reunión del G-7.
La última vez que estuve aquí, en la Cumbre de L'Aquila en 2009, nos enfrentábamos a una crisis financiera global de proporciones catastróficas, que condujo a la creación del G-20 y expuso la fragilidad de los dogmas y conceptos erróneos del neoliberalismo.
El impulso reformista de la época fue insuficiente para corregir los excesos de la desregulación del mercado y la defensa de un Estado mínimo. La arquitectura financiera global cambió poco y no se sentaron las bases para una nueva gobernanza económica.
Se han producido reveses significativos, como el debilitamiento del sistema multilateral de comercio. El proteccionismo entre los países ricos ha cobrado fuerza, y la Organización Mundial del Comercio sigue paralizada. Nadie recuerda la Ronda de Desarrollo.
Los desafíos se han acumulado y empeorado. Por cada amenaza que no logramos afrontar, creamos nuevas necesidades urgentes.
El mundo de hoy vive una superposición de múltiples crisis: la pandemia de Covid-19, el cambio climático, las tensiones geopolíticas, una guerra en el corazón de Europa, presiones sobre la seguridad alimentaria y energética y amenazas a la democracia.
Para afrontar estas amenazas, es necesario un cambio de mentalidad. Necesitamos desmantelar mitos y abandonar paradigmas obsoletos. El sistema financiero global debe estar al servicio de la producción, el trabajo y el empleo. Solo lograremos un crecimiento verdaderamente sostenible si dirigimos esfuerzos y recursos hacia la economía real.
La deuda externa de muchos países, que en el pasado victimizó a Brasil y ahora afecta a Argentina, es causa de una desigualdad evidente y creciente, y requiere que el Fondo Monetario Internacional aborde el tema de una manera que considere las consecuencias sociales de las políticas de ajuste.
El desempleo, la pobreza, el hambre, la degradación ambiental, las pandemias y todas las formas de desigualdad y discriminación son problemas que exigen respuestas socialmente responsables.
Esta tarea solo es posible con un Estado que promueva políticas públicas encaminadas a garantizar los derechos fundamentales y el bienestar colectivo.
Un Estado que fomenta la transición ecológica y energética, la industria verde y la infraestructura verde.
La falsa dicotomía entre crecimiento y protección ambiental debería haberse superado hace mucho tiempo. La lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad debe volver a ser una prioridad en la agenda internacional, garantizando una financiación adecuada y la transferencia de tecnología.
Para ello, ya contamos con una brújula, consensuada multilateralmente: la Agenda 2030.
No nos hagamos ilusiones. Ningún país puede afrontar las amenazas sistémicas actuales de forma aislada.
La solución no está en formar bloques antagónicos ni en respuestas que sólo consideren a un pequeño número de países.
Esto será especialmente importante en este contexto de transición hacia un orden multipolar, que requerirá profundos cambios institucionales. Nuestras decisiones solo tendrán legitimidad y eficacia si se toman e implementan democráticamente.
No tiene sentido pedir a los países emergentes que contribuyan a la solución de las "múltiples crisis" que enfrenta el mundo sin que se atiendan sus legítimas preocupaciones y sin que estén adecuadamente representados en los principales órganos de gobernanza global.
La consolidación del G-20 como principal foro de coordinación económica internacional fue un avance innegable. Será aún más eficaz con una composición que aborde las demandas e intereses de todas las regiones del mundo. Esto implica una representación más adecuada de los países africanos.
Las coaliciones no son un fin en sí mismas y sirven para impulsar iniciativas en espacios pluralistas como el sistema de las Naciones Unidas y sus organizaciones asociadas. Sin una reforma de su Consejo de Seguridad, con la inclusión de nuevos miembros permanentes, la ONU no recuperará la eficacia ni la autoridad política y moral para abordar los conflictos y dilemas del siglo XXI.
Un mundo más democrático en el proceso de toma de decisiones que afecta a todos es la mejor garantía de la paz, el desarrollo sostenible, los derechos de los más vulnerables y la protección del planeta.
Antes que sea demasiado tarde.
Gracias.