Lula pide más tiempo para decidir sobre la invitación de Trump al "Consejo de Paz" en Gaza, dicen asesores.
El gobierno está evaluando los riesgos diplomáticos y geopolíticos antes de responder a la propuesta estadounidense, que ya enfrenta críticas por excluir a los palestinos.
247 - El presidente Lula quiere más tiempo para decidir si acepta o no la invitación del gobierno de Estados Unidos para unirse al llamado "Consejo de Paz" en Gaza, una iniciativa anunciada por la administración del presidente Donald Trump, actual mandatario estadounidense, con la promesa de supervisar la reconstrucción y la transición política en el territorio palestino.
La información fue publicada por el periódico O Globo, que habló con personas cercanas al presidente e interlocutores del gobierno brasileño. Según estos informes, la evaluación interna indica que es necesario elaborar una respuesta con cuidado, dada la importancia diplomática y el impacto internacional que podría tener la adhesión a la organización.
Según una fuente gubernamental, es imposible responder a la invitación "sin comprender las consecuencias", enfatizando que "esta decisión no puede tomarse precipitadamente". La recomendación, según sus asesores, es que cualquier postura oficial de Brasil solo debe adoptarse tras un análisis exhaustivo de las implicaciones políticas y geopolíticas del nuevo consejo.
En el Palacio de Planalto se espera que Lula comience a discutir el asunto con sus asesores a partir del lunes. La invitación se realizó el viernes y llegó al gobierno brasileño a través de la embajada brasileña en Washington. Al ser contactado, el Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty) no hizo comentarios.
El consejo propuesto por Estados Unidos tiene como objetivo la reconstrucción y la transición política en Gaza.
El Consejo de Paz propuesto tiene como objetivo, según Estados Unidos, supervisar la reconstrucción, la gobernanza y la transición política de la Franja de Gaza tras el alto el fuego mediado por Estados Unidos, en medio de un conflicto que ha durado más de dos años entre Israel y Hamás.
Sin embargo, la iniciativa ha sido blanco de críticas internacionales, principalmente porque no incluye a representantes palestinos en el órgano de decisión, lo que, según diversos sectores de la comunidad internacional, podría comprometer la legitimidad política de la organización y profundizar la percepción de tutela externa sobre un territorio históricamente marcado por la ocupación, la violencia y los bloqueos.
Otro punto que genera preocupación entre los diplomáticos y los asesores de Lula es el explícito papel protagónico de Estados Unidos en la configuración del Consejo, lo que sugiere que el grupo puede actuar más como una extensión de la estrategia geopolítica estadounidense en Medio Oriente que como un mecanismo verdaderamente multilateral.
Las dudas dentro del gobierno brasileño incluyen la composición del grupo y su efectividad real.
Según el informe publicado, miembros del gobierno brasileño creen que la composición del consejo incluye figuras consideradas controvertidas por Brasilia, lo que aumenta la inquietud sobre el real alcance del proyecto y la posibilidad de que Brasil sea asociado a una iniciativa con baja capacidad de generar resultados efectivos.
Hasta el momento, el gobierno brasileño no ha confirmado oficialmente si aceptará participar en el organismo. Asesores presidenciales enfatizan que la decisión solo se tomará tras una evaluación exhaustiva del impacto diplomático, la coherencia con las tradiciones de política exterior brasileña y los efectos en la credibilidad internacional del país.
La invitación de Trump fue enviada a otros líderes mundiales.
La solicitud enviada a Brasil también fue hecha a otros líderes, entre ellos el presidente de Argentina, Javier Milei, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney.
La lista pone de relieve la intención de Estados Unidos de reunir a distintas fuerzas regionales e internacionales en torno al Consejo, aunque las diferencias políticas entre los propios invitados puedan dificultar cualquier coordinación consistente.
Brasil aboga por la cautela y la preservación de su posición diplomática.
En el caso brasileño, la decisión tiene aún mayor peso porque involucra la imagen del país como un actor internacional históricamente asociado a la defensa de soluciones negociadas y del diálogo multilateral, con una tradición de participación en foros internacionales bajo el principio de autodeterminación de los pueblos.
Es en este contexto que la evaluación desde el Palacio Presidencial, según describen fuentes, es que cualquier respuesta apresurada podría generar costos diplomáticos, ya sea con socios estratégicos, con países de Medio Oriente o con sectores que abogan por una mayor participación palestina en las decisiones sobre el futuro de Gaza.
Por lo tanto, la orientación predominante dentro del gobierno es que Brasil no debe asumir compromisos sin comprender plenamente la estructura del consejo, sus poderes reales, su grado de legitimidad internacional y las consecuencias de una posible adhesión, especialmente si el organismo sigue siendo criticado por excluir a los palestinos y concentrar decisiones estratégicas en manos de Washington.
Por ahora, la tendencia es que Lula esperará más información y manejará el asunto internamente antes de responder formalmente a la invitación.


