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Según informes, Lula dijo a sus aliados que Toffoli debería dejar la Corte Suprema o el puesto de gestión de casos.

Presidente sigue investigación del Banco Master, critica secretismo y teme daño institucional a la Corte Suprema por sospechas de encubrimiento.

Presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil)

247 - Según informes, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva expresó su irritación con la conducta del juez del Tribunal Supremo Dias Toffoli en su gestión de la investigación del Banco Master, e incluso comunicó a sus asesores que el magistrado debería abandonar la Corte, ya sea por renuncia o jubilación. Lula sigue de cerca el avance del caso y las repercusiones políticas e institucionales de las acciones del relator.

La información fue reportado por Folha de S.Paulo, que afirma haber recogido testimonios de interlocutores según los cuales Lula, en conversaciones privadas con al menos tres asesores, hizo comentarios considerados duros sobre Toffoli y señaló que no pretende defenderlo ante las crecientes críticas contra el ministro.

Irritación en el Palacio Presidencial y cálculo político

Según los informes citados, Lula pretende llamar a Toffoli para otra conversación sobre su conducta en la investigación. Ambos ya trataron el asunto a finales del año pasado. A pesar del tono de los exabruptos atribuidos al presidente, sus colaboradores dudan que Lula siga adelante con la idea de solicitar formalmente al ministro que se recuse del tribunal o incluso que renuncie a la relatoría del caso.

Según aliados, la inquietud tiene un componente institucional: Lula estaría preocupado por el daño a la imagen del Tribunal Supremo causado por las noticias que exponen vínculos entre familiares del ministro y estructuras relacionadas con fondos que forman parte de la red del Banco Master. En opinión del presidente, la credibilidad del Tribunal Supremo y la confianza pública en el avance de la investigación se han vuelto fundamentales para la crisis.

Secreto y miedo al encubrimiento.

Otro punto que, según se informa, aumentó la incomodidad en el Palacio Presidencial es el secretismo impuesto al proceso. Según el informe, Lula se quejó a sus asesores del "alto nivel de secretismo" y expresó su preocupación por el silenciamiento del caso, lo que alimentaría la percepción de impunidad en investigaciones que involucran miles de millones de dólares y actores con influencia política.

Según aliados, el presidente argumenta que las investigaciones deben avanzar y que el gobierno debe mantener una postura pública y constante de combatir el fraude sin selectividad. La preocupación es doble: evitar que se arraigue la narrativa de encubrimiento y frenar las críticas sobre la presunta injerencia del Poder Ejecutivo en las investigaciones a cargo del Poder Judicial.

En una declaración atribuida a Lula y reproducida en el texto fuente, el presidente supuestamente reforzó esta línea de razonamiento al comentar el contraste entre la severidad del castigo a los más pobres y la tolerancia al fraude a gran escala:

Calamar: "Es inaceptable que sigamos viendo cómo se sacrifica a los pobres mientras un miembro del Banco Master lleva a cabo una estafa de más de R$ 40 mil millones".

Un caso que podría afectar a varios bandos políticos.

El informe también describe la evaluación, dentro del círculo presidencial, de que la investigación podría afectar a políticos de la oposición y debería continuar incluso si implica a simpatizantes del gobierno. En este contexto, el palacio presidencial ve un riesgo político tanto en caso de estancamiento de las investigaciones como de que el caso se intensifique con nuevos nombres y conexiones.

El texto indica que Daniel Vorcaro, propietario del Banco Master, presuntamente tiene vínculos con políticos centristas y aliados del gobierno del PT en Bahía. También menciona la relación entre el empresario bahiano Augusto Lima, exsocio del Banco Master, y figuras gubernamentales como el ministro de la Casa Civil, Rui Costa, y el senador Jaques Wagner, líder del gobierno.

La decisión de mantenerlo en secreto y la cronología del deterioro.

Según el informe, Lula ha estado siguiendo la investigación desde finales del año pasado y le intrigó la decisión de Toffoli de mantener bajo estricta reserva la solicitud de la defensa de Daniel Vorcaro para llevar las investigaciones a la Corte Suprema. La medida, como se describe, ocurrió una semana antes de que el periódico O Globo revelara que el bufete de abogados de Viviane Barci, esposa del ministro Alexandre de Moraes, tenía un contrato mensual de R$ 3,6 millones para defender los intereses del Banco Master.

Según el texto fuente, un aliado resumió el sentimiento del presidente como una desconfianza de que el caso terminara en "un gran encubrimiento", una expresión que, en el debate político brasileño, traduce la idea de que los escándalos terminan sin consecuencias proporcionales.

Almuerzo en Palacio Presidencial y exigencia de resolución.

En diciembre, Lula supuestamente invitó a Toffoli a un almuerzo en el Palacio de Planalto, con la participación del ministro de Hacienda, Fernando Haddad. La conversación, descrita como amistosa, fue supuestamente utilizada por el presidente para reafirmar que todo lo que el gobierno descubriera debía llevarse hasta las últimas consecuencias y para evaluar si la postura del Tribunal Supremo se mantendría igual incluso después de la emisión de la orden de secreto.

Según los informes presentados, Toffoli supuestamente afirmó que no se ocultaría nada y que el secretismo estaba justificado. Lula luego afirmó que el ministro haría lo correcto. El texto también registra que Lula supuestamente dijo, según información del columnista Lauro Jardim confirmada por Folha, que la relatoría representaría una oportunidad para que Toffoli "reescribiera su biografía".

Crítica al ponente y respuesta de Toffoli.

El texto afirma que Toffoli se encuentra bajo presión debido a su postura al frente de la investigación. Entre las críticas se incluyen el secretismo impuesto al caso, un viaje en jet privado con uno de los abogados involucrados y negocios que presuntamente vinculan a la familia del ministro con un fondo de inversión vinculado al Banco Master.

Según el informe, Toffoli presuntamente declaró a sus allegados que, por el momento, descarta recusarse del caso porque no ve elementos que comprometan su imparcialidad. Sostuvo que ni el viaje con el abogado ni la colaboración entre sus hermanos y el fondo de inversión afectarían su desempeño como relator.

El texto también menciona que, históricamente, el Supremo Tribunal Federal (STF) sólo ha reconocido la inhabilitación o parcialidad de los ministros en casos de autodeclaración, lo que ayuda a explicar por qué el relator se resiste a cualquier intento de removerlo del cargo.

Un viejo vínculo y frustraciones acumuladas.

La crisis también está marcada por una historia política y personal. Lula fue responsable de la nominación de Toffoli al Supremo Tribunal Federal y, según el texto original, tiene un historial de decepciones con el exabogado del PT. Entre estas decepciones se encuentra el episodio en el que Toffoli impidió que Lula asistiera al funeral de su hermano, Genival Inácio da Silva, conocido como Vavá, cuando el presidente se encontraba preso en Curitiba.

El informe afirma que Toffoli se disculpó con Lula años después, en diciembre de 2022, tras la elección presidencial. Vavá falleció en enero de 2019.

El siguiente paso y el impasse institucional.

El escenario descrito apunta a un punto muerto: por un lado, Lula quiere demostrar su compromiso con la investigación y sanción del fraude, sin proteger a nadie; por otro, necesita evitar que cualquier gesto se interprete como una presión indebida sobre el Tribunal Supremo. En este delicado equilibrio, la idea de una nueva conversación con Toffoli parece un intento de reducir el daño institucional y, al mismo tiempo, preservar la línea política del gobierno.

El objetivo del Palacio de Planalto, como se describe en el texto base, es que la investigación avance con credibilidad, sin que el Tribunal Supremo se vea arrastrado a una crisis de confianza más amplia. Para Lula, el mayor costo no solo reside en las disputas en torno a la relatoría, sino en el riesgo de que el país vea, una vez más, cómo un caso que involucra grandes sumas de dinero pierde impulso en el camino, alimentando la sensación de que el sistema castiga a las clases bajas y protege a las altas.