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El fin del silencio eterno

Comisiones de la Cámara de Representantes y el Senado aprueban un fallo que otorgará a los ciudadanos un derecho básico: tener acceso a documentos confidenciales del Estado; la decisión también se aplica a los informes secretos de la dictadura militar.

Las comisiones de Ciencia y Tecnología (CCT) y de Derechos Humanos (CDH) del Senado aprobaron hoy dictámenes sobre el proyecto de ley que regula el derecho ciudadano de acceso a la información confidencial del Estado, incluidos los documentos y datos relacionados con actos del régimen militar (1964-1985).

La ley pone fin al secreto permanente de los documentos, y los relatores de ambas comisiones presentaron enmiendas para proteger parte de la ley de posibles vetos presidenciales. El Senado se apresura a votar para permitir que la presidenta Dilma Rousseff la promulgue el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa.

La ley, ya aprobada por la Cámara de Diputados, elimina la posibilidad de mantener documentos públicos bajo secreto permanente. Según la propuesta, si la ley se aprueba en su forma actual, los documentos clasificados como "alto secreto" permanecerán bajo secreto durante 25 años, con posibilidad de prórroga por un período igual. Por lo tanto, los documentos de alto secreto no podrán divulgarse durante un máximo de 50 años. Actualmente, el gobierno puede extender el período de secreto, siempre que justifique la pertinencia de la decisión, por tiempo indefinido.

Los ponentes Walter Pinheiro (Partido de los Trabajadores-BA) y Humberto Costa (Partido de los Trabajadores-PE) incluyeron cuatro enmiendas editoriales al texto aprobado por los diputados el año pasado. Una de ellas separa de las disposiciones de la ley la sección que prevé una única prórroga —por otros 25 años— del secreto de la información ultrasecreta.

Las enmiendas a la redacción sirven como medida de precaución, anticipando un posible veto si la presidenta Dilma cede a la presión de los ministerios de Asuntos Exteriores y Militares respecto a la divulgación de datos relacionados con ambos sectores. Según el texto final, si Dilma veta esta sección sobre documentos ultrasecretos, el resto de la ley puede promulgarse y entrar en vigor; posteriormente, se tramitaría otra propuesta específicamente para abordar estos documentos.

El presidente, según sus asesores, está a favor de acabar con el secretismo eterno. Antes de su votación de urgencia en el pleno, el proyecto de ley será examinado la próxima semana por la Comisión de Relaciones Exteriores (CRE).

Al redactar sus opiniones, los ponentes procuraron no alterar el contenido de la propuesta para evitar su devolución a la Cámara de Diputados. Pinheiro justifica la medida señalando que, en dicha cámara, la votación se vería obstaculizada por 14 medidas provisionales, lo que retrasaría significativamente su tramitación.

La propuesta original para regular la información clasificada se presentó en 2003, durante el primer año del gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Las sugerencias de los representantes se adjuntaron al texto y fueron revisadas por una comisión especial de esa Cámara.

El proyecto de ley clasifica la información como altamente secreta, secreta o confidencial, estableciendo para cada una de ellas un período de secreto de 25, 15 y 5 años, respectivamente. Consta de 47 artículos, divididos en seis capítulos que, entre otras cosas, abordan los organismos obligados a proporcionar la información, así como los procedimientos y plazos para obtenerla.

Se excluye, entre otras, la información que pueda poner en riesgo la defensa y la soberanía nacionales, los planes estratégicos y operaciones de las Fuerzas Armadas, y la información relativa a proyectos de investigación y desarrollo científico y tecnológico cuya confidencialidad sea esencial para la seguridad de la sociedad y del Estado.

En su opinión, el senador Walter Pinheiro afirma que la futura ley incentivará la formación de una cultura de transparencia y la ampliación de la información sobre el uso de los recursos públicos, posibilitando el control social de la gestión pública y garantizando las condiciones para la publicidad de los actos administrativos.