¿Ser o no ser?
Dilma solo está haciendo la mitad de su trabajo: está despidiendo a los secretarios ejecutivos de los Ministerios de Agricultura y Turismo, pero dejando en sus puestos a los propios ministros. ¡Es imposible encontrar mayor hipocresía que esa!
*ARTURO VIRGÍLIO
En sus ocho años de presidencia, Lula refutó por completo la moralina de su época en la oposición. Antes veía corrupción por doquier; en el Palacio de Planalto, llegó a no ver ni saber nada. Se convirtió en el máximo defensor de aliados que, amparados por la benevolencia presidencial, cometían crímenes con enorme facilidad.
Dilma Rousseff, por el contrario, anunció su disposición a no transigir con la ilegalidad, gesto que fue aplaudido por los brasileños. Sin embargo, la vida cotidiana comenzó a presentar dificultades y obstáculos en el camino de la presidenta.
Su base parlamentaria, influenciada por la moral, se siente ofendida por la propuesta moralizante y reacciona amenazando con paralizar las votaciones o apoyar comisiones parlamentarias de investigación. Estaban acostumbrados a trabajar junto a Lula, quien les garantizaba la impunidad.
El propio Lula, dicho sea de paso, siempre que puede, aconseja a su sucesor que "trate bien a los aliados". En otras palabras: que haga la vista gorda ante las "travesuras" de Valdemar da Costa Neto y otros como él.
El resultado es que Dilma solo está haciendo la mitad del trabajo: despide a los secretarios ejecutivos de los Ministerios de Agricultura y Turismo, pero deja libres a los propios ministros. ¡Imposible mayor hipocresía!
Desestima y critica a los altos funcionarios del Ministerio de Transportes, pero finge olvidar al Director de Infraestructura del Partido de los Trabajadores, quizá por temor a que las investigaciones se acerquen a la financiación de su campaña. Hizo caso omiso de las amenazas que le lanzó desde el Senado el desilusionado exministro Alfredo Nascimento.
No destituye a Wagner Rossi y Pedro Novais porque pertenecen al poderoso partido PMDB y están protegidos, respectivamente, por el vicepresidente Michel Temer y el presidente del Congreso, el senador José Sarney.
El futuro de Dilma Rousseff dependerá de cómo aborde la corrupción. Las medidas a medias socavarán su credibilidad. Las acciones insinceras e incompletas terminarán por quedar expuestas ante la opinión pública.
A día de hoy sigo sin comprender las razones que llevaron a la formación de una base parlamentaria tan amplia y débil. Al fin y al cabo, el gobierno no tiene intención de impulsar reformas estructurales mediante enmiendas constitucionales que requieren el apoyo de tres quintos de cada cámara.
¿Podría ser el temor a las comisiones parlamentarias de investigación? Pero Lula ya ha trazado la mina de oro: elegir a los peores elementos de cada partido para generar polémica y respaldar a presidentes y relatores pusilánimes. La institución de las comisiones parlamentarias de investigación lleva mucho tiempo desacreditada en este país.
¿Podría ser masoquismo? ¿El placer de lidiar con los bajos fondos de la política? ¡No lo sé!
Lo cierto es que Lula gobernó sin las dudas propias de Hamlet: estaba a favor de la rebeldía política, sin más. ¿Y Dilma? ¿Más o menos? ¿Una postura intermedia? ¿Una indecisa? ¿O pura y simple impotencia ante un orden que podía, pero no quería, cambiar?
Elige tu lugar en la historia, Presidenta Dilma.
*Diplomático, fue líder del PSDB en el Senado
Twitter: @ArturVirgilioAM
