'El Congreso es responsable de la politización del poder judicial'
La declaración fue hecha por el magistrado del Tribunal Supremo Luís Roberto Barroso durante una conferencia en el Instituto Fernando Henrique Cardoso; según él, la culpa de la "judicialización de la política" no recae en el Poder Judicial: "En última instancia, quien controla el mayor o menor grado de judicialización es el propio Congreso, porque en la medida en que este actúe, el Tribunal Supremo no actuará". Barroso también afirmó que el Tribunal Supremo debería, en general, respetar los actos del Poder Ejecutivo o Legislativo, ya que en las democracias las decisiones políticas deben ser tomadas por los elegidos por la sociedad; sin embargo, considera que "si estos poderes contradicen la Constitución, afectan alguna regla del juego democrático o irrespetan algún derecho fundamental, el Poder Judicial debe defender los intereses de la población".
Por Sergio Rodas
El Tribunal Supremo Federal debe, en general, respetar las acciones de los poderes Ejecutivo y Legislativo, ya que en las democracias las decisiones políticas deben ser tomadas por quienes son elegidos por la sociedad. Sin embargo, si estos poderes contradicen la Constitución, afectan alguna regla del juego democrático o vulneran algún derecho fundamental, el Poder Judicial debe defender los intereses de la población. De igual manera, el tribunal debe adoptar una postura activa y regular un asunto si los políticos no actúan y, como resultado, la población resulta perjudicada. Por lo tanto, la responsabilidad de la "judicialización de la política" recae más en el Congreso que en el Poder Judicial.
Esta es la opinión del juez del Tribunal Supremo Luís Roberto Barroso sobre el papel del Tribunal Supremo en la política brasileña. En una conferencia impartida en el Instituto Fernando Henrique Cardoso este lunes (17 de agosto), el juez afirmó que el fenómeno de la "judicialización de la política" se ha fortalecido en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Tres razones lo han impulsado: la convicción de que un Poder Judicial fuerte es necesario para el mantenimiento de la paz; el desencanto con la política mayoritaria; y el hecho de que gobernantes y parlamentarios evitan temas controvertidos —como la despenalización de las drogas, el matrimonio igualitario y el aborto— por temor al rechazo.
Sin embargo, Barroso explicó la distinción entre la “judicialización de la política” y el “activismo judicial”. Según él, el primer concepto representa la transferencia del poder político, mediante acuerdos institucionales, al Poder Judicial. El segundo, a su vez, no es ni bueno ni malo en sí mismo, y no es un hecho, sino una actitud. “Es una forma expansiva de interpretar la Constitución para aplicar sus principios a situaciones no expresamente previstas ni por la Asamblea Constituyente ni por el Poder Legislativo. Es una acción que interfiere con mayor intensidad en el espacio de los demás poderes del Estado”.
Las acciones del Tribunal Supremo casi siempre se dan de dos maneras, explicó el ministro: contramayoritaria y representativa. La primera ocurre cuando el tribunal invalida actos y leyes de los poderes Ejecutivo y Legislativo por percibir una violación de la Constitución. Esto ocurre cuando se anula un impuesto o la progresión de un régimen. Según Barroso, este poder se ejerce "muy raramente". El poder representativo, en cambio, se da cuando el tribunal atiende demandas sociales que el poder político no atiende. Ejemplos de esta función son las decisiones del STF de prohibir el nepotismo en cargos de designación y de evitar que los parlamentarios elegidos por voto proporcional pierdan sus mandatos al cambiar de partido.
Barroso recordó que, en situaciones extremadamente excepcionales, los tribunales supremos deben desempeñar un papel esclarecedor al poner en marcha la historia. Esto es lo que hizo el Tribunal Supremo estadounidense cuando, sin ley alguna, puso fin a la segregación racial en las escuelas públicas; lo que hizo el máximo tribunal de Sudáfrica cuando prohibió la pena de muerte sin sentencia; o lo que hizo el Tribunal Federal alemán cuando criminalizó la negación del Holocausto.
Según el ministro, el Supremo Tribunal Federal (STF) actuó con prudencia al extender el mismo régimen legal a las uniones entre personas del mismo sexo que a las uniones estables, y al permitir la interrupción del embarazo cuando el feto es anencefálico. En ambos casos, los ministros entendieron que no había razón para que el Estado interfiriera en la vida privada de las personas.
Finalmente, Barroso dejó claro que la culpa de la "judicialización de la política" no es del Poder Judicial: "En última instancia, quien controla el mayor o menor grado de judicialización es el propio Congreso, porque en la medida en que éste actúe, el Tribunal Supremo no actuará".
Fortalecimiento consentido
Tras la conferencia de Barroso, el expresidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB) recordó que los diputados y senadores de la Asamblea Constituyente, como él mismo, tomaron la decisión consciente de aumentar el poder político del Poder Judicial. Esto se logró ampliando el abanico de actores que pueden interponer acciones directas de inconstitucionalidad y creando el Mandamus. Según FHC, este instrumento es fundamental para la fluidez del proceso.
El político explicó además que la Constitución de 1988 es detallada porque, en su momento, las leyes tenían poco valor. Por lo tanto, todos querían protecciones explícitas en la Carta Magna. Si bien reconoce la validez del argumento de que la Constitución creó más cargas públicas que medios para cumplirlas y más derechos que obligaciones, el expresidente opinó que la norma fue "exitosa" y cumple su función. Esto se debe a que brindó una sólida protección a los valores democráticos y las garantías fundamentales, y limitó los abusos de derechos.