Las crisis se acumulan y aumenta la presión sobre Hugo Motta en la Cámara.
El manejo polémico de la situación amplifica las críticas y el escenario en la Cámara se vuelve impredecible.
247 - La sucesión de conflictos en la Cámara de Diputados, que culminó con la destitución forzosa del diputado Glauber Braga (PSOL-RJ) del pleno el martes (9), agravó el desgaste del presidente de la Cámara, Hugo Motta (Republicanos-PB). La secuencia de episodios y decisiones inesperadas llevó a los líderes del partido a criticar la conducta política adoptada en los últimos días, informa el periódico. El Globo.
Líderes del Centrão (bloque de centroderecha) y de partidos de derecha afirmaron que Motta ha estado tomando decisiones sin comunicación previa y sin evaluar el impacto de sus acciones en un ambiente ya de por sí tenso. Esta estrategia se reflejó en la reacción inmediata de los parlamentarios del gobierno —entre ellos Lindbergh Farias (PT-RJ), Erika Kokay (PT-DF) y Tarcísio Motta (PSOL-RJ)—, así como en las discretas críticas de otros bloques, que señalaron errores de liderazgo y falta de coordinación política.
Agendas simultáneas y clima impredecible.
La inclusión simultánea del proyecto de ley de sentencias, la propuesta sobre deudores habituales y el avance de un proceso de destitución de alto perfil formaron, según los líderes, un paquete explosivo. La evaluación predominante es que Motta intentó complacer simultáneamente tanto al gobierno como a la oposición, lo que resultó en un escenario impredecible y difícil de controlar.
La decisión de ampliar la agenda antes del receso estuvo acompañada de presión en redes sociales para acelerar las expulsiones de Carla Zambelli, Glauber Braga, Alexandre Ramagem y Eduardo Bolsonaro. Entre bastidores, en la Cámara de Diputados, los parlamentarios expresaron su sorpresa al enterarse de las agendas "casi al mismo tiempo que el resto", lo que pone de manifiesto la falta de coordinación interna.
Un dirigente cercano a la cúpula de la Cámara resumió el problema como una falta de coordinación política y un desajuste entre la Presidencia y los líderes del partido, factores que ayudaron a inflamar los ánimos y culminaron en el episodio que involucró a Glauber.
Escalada con Glauber Braga
A riesgo de ser destituido, Glauber Braga ocupó la silla presidencial durante aproximadamente una hora, en protesta por el avance simultáneo de los proyectos de ley y los procedimientos disciplinarios. El congresista acusó a Motta de liderazgo parcial y declaró que permanecería en el cargo "hasta el límite de sus fuerzas".
Ante su negativa a abandonar su escaño, Motta ordenó su destitución. Agentes de la policía legislativa se llevaron a Glauber de los brazos, entre empujones y acusaciones de agresión a los diputados que intentaron intervenir. Se cortó la señal de TV Câmara y se expulsó a periodistas y personal de la tribuna, medidas que aumentaron la indignación.
La congresista Erika Kokay criticó duramente la acción: “Hubo violencia contra los parlamentarios que están siendo asistidos en este momento, quienes llevan en la piel la violencia propagada por Su Excelencia”. Lindbergh Farias también reaccionó: “Su Excelencia está perdiendo las condiciones para continuar como presidente de esta Cámara”.
La comparación con agosto, cuando partidarios de Bolsonaro ocuparon la mesa de la Junta Directiva sin enfrentar una respuesta similar, reavivó el debate sobre el trato desigual y alimentó aún más el declive político de Motta.
Aislamiento y fragilidad en el liderazgo
La crisis reforzó una percepción generalizada entre los líderes desde agosto: a pesar de su cargo, Motta opera con un núcleo político extremadamente restringido. Los diputados citan a Isnaldo Bulhões (MDB-AL) y Luizinho (PP-RJ) como los únicos con acceso directo a las decisiones del presidente de la Cámara.
Según los parlamentarios, esta limitación explica la dificultad de Motta para manejar momentos tensos y tomar decisiones apresuradas, como cortar la señal de TV Câmara y retirar a la prensa de la galería, medidas clasificadas por los partidarios del gobierno como "innecesarias" y "agravadoras del conflicto".
El episodio también reavivó las críticas a su actuación previa cuando se enfrentó al levantamiento de los partidarios de Bolsonaro en agosto. En ese momento, Motta pasó más de 30 horas sin encontrar una solución, un gesto interpretado como una muestra de debilidad. Luego vino la derrota de la "Enmienda de Blindaje" en el Senado, lo que reforzó la percepción de falta de ritmo político y de una estrategia consistente de coordinación.
Para los legisladores que siguen de cerca las negociaciones, la sucesión de avances y retrocesos sin coordinación demuestra que el presidente de la Cámara aún trata de encontrar su propia manera de conducir la Cámara en medio de crecientes presiones internas y externas.


