INICIO > Brasilia

Dr. Sócrates: el fútbol en forma de elegancia y conciencia.

Sócrates pertenece a una época en la que los jugadores sentían pasión por la camiseta y tenían conciencia política.

Me gustaba mucho el fútbol. Muchísimo. Pero un día escuché "Hey Jude" de los Beatles y empecé a explorar otros horizontes, el de la cultura. Así que ahora, cuando veo un partido de fútbol en la tele, hago una pregunta tonta, para desesperación de los espectadores:

- ¡¿Entonces, de quién es el balón?!

Pero guardo con cariño, en lo más profundo de mi corazón, en el rincón más recóndito de mi memoria, la imagen de mis ídolos futbolísticos. Éder, del Atlético Mineiro, mi amado equipo, tan apuesto como el dios Apolo, era uno de ellos. El Dr. Sócrates, con su elegancia, inteligencia y ética en el campo, marcó mi infancia y la de muchos de mi generación. Todavía llevaba pantalones cortos y mocos, cuando vi mis primeros partidos del Corinthians con mi padre, un hincha acérrimo del club, y me fijaba mucho en aquella enorme figura barbuda —algo inusual en el fútbol— que nunca celebraba sus goles, limitándose a levantar los brazos. Eso sí que es elegancia.

Últimamente, con la banalización del fútbol y de los propios jugadores, que no muestran respeto entre sí ni por sus aficionados, se ha convertido en una especie de "festín de la alegría", donde la gente se quita la camiseta, provoca a la afición rival y monta un espectáculo ridículo ante las cámaras. ¡Qué horror!

Además, Sócrates pertenecía a una época en la que el fútbol era mágico y sinónimo de alegría popular. Y no solo eso, sino también un fútbol consciente, comprometido con los problemas políticos y sociales del país; basta con ver el movimiento Democracia Corintia, del que formó parte a principios de los 80.

Quedará grabado para siempre en mi memoria aquel formidable equipo de 1982, de hace seis o siete años, con los grandes Éder, Júnior, Toninho Cerezo, Zico y, por supuesto, Sócrates, arrasando en el Mundial de España, bajo la batuta del brillante Telê Santana. No ganamos la copa, pero reto a cualquiera de mi generación a que nombre un equipo tan formidable como aquel: «Vuela, canario, vuela...», ¿recuerdan? Para mí, es la selección brasileña de todos los tiempos, sin duda.

Hoy, cuando enciendo la televisión o veo a payasos del fútbol como Neymar, con ese ridículo peinado, y a sus contemporáneos en los periódicos —un montón de vendidos enmascarados sin personalidad alguna— me da asco. Me dan ganas de morirme...

Vivo en el pasado, soy eternamente nostálgico cuando se trata de fútbol. Nuestra historia, nuestro pasado, es mejor que este presente nublado por el dinero y la falta de amor por la camiseta, la falta de amor por el club.

El Dr. Sócrates, hermano de Raí, ídolo de la afición del Corinthians, capitán eterno de la selección brasileña, es, para mí, el fútbol en forma de elegancia y conocimiento, el verdadero fútbol...