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Un payaso llorando

En su segundo largometraje como director, Selton Mello emprende la búsqueda del alma circense que existe dentro de cada uno de nosotros.

La figura del payaso impregna el inconsciente colectivo de miles de personas desde su más tierna infancia. Sin duda, todos llevamos un payaso dentro, ya sea alegre, jovial o irreverente. Pero también existen aquellos con almas melancólicas. El personaje circense interpretado por el actor y director Selton Mello en *El Payaso* aporta un aspecto triste, no por ello menos sincero, y quizás ahí reside la grandeza de esta pequeña película que habla de gente sencilla en busca de su propia identidad, incluida la del propio director.

La segunda película de Mello (la primera fue "Feliz Navidad", de 2008) ya ha atraído a más de un millón de espectadores, y los pesimistas entre nosotros nunca se cansan de hacer la pregunta obsoleta: ¿por qué? Pues bien, porque "El Payaso", como toda gran película, es conmovedora. Y más aún, sincera. Claro, no es una obra maestra, pero posee una verdad sincera que escasea en el cine actual, tan ruidoso y visualmente recargado.

Con guion del propio Selton Mello y Marcelo Vindicato, la película narra la historia de dos artistas de circo, padre e hijo, que recorren el país al frente de la compañía Circo Esperança. Se trata de Valdemar (Paulo José) y Benjamim (Selton Mello), quienes se enfrentan a dificultades allá donde van, pues la compañía que dirigen no pertenece al mundo del espectáculo como el Cirque du Soleil.

El padre, un hombre experimentado que interpreta al payaso Puro Sangue en el escenario, afronta las dificultades de la vida lo mejor que puede. Mientras tanto, el joven Benjamim, su compañero Pangaré, vive en un mundo de fantasía y no sabe muy bien qué quiere. Es un payaso melancólico y triste, cansado de hacer reír, un payaso que llora. En resumen, alguien que busca su propia identidad, y cuando le plantea este dilema a su padre, recibe un consejo casi infantil, pero ejemplar: «El gato bebe leche, el ratón come queso y yo soy un payaso», resume.

A sus 39 años, Selton Mello demuestra madurez, pero es un artista que aún tiene mucho que aportar a la cultura de su país. Y se lo ha ganado. Es bienintencionado y tiene principios profesionales; no se vende fácilmente al sistema. Dejó la televisión hace mucho tiempo para dedicarse en cuerpo y alma al séptimo arte. De ahí que "El Payaso" esté repleto de homenajes.

Comenzando con el actor Paulo José, ícono del cine, el teatro y la televisión brasileños, y aquí, en "El Payaso", en una de sus mejores interpretaciones. Pero también hay referencias a películas como "Adiós, Brasil" de Cacá Diegues, al comediante Jorge Loredo (el eterno Zé Bonitinho) y al ídolo juvenil Ferrugem (¿quién se acuerda de él?). Sin mencionar los chistes internos, las bromas personales, que resuenan con profundidad, en la presencia tan especial de su hermano Dalton Mello.

Pero la gran reverencia que muestra el actor y director Selton Mello, sin parecer sentimental ni siquiera falso, es hacia los grandes maestros del cine que transformaron la figura del payaso, ya fuera alegre o melancólico, en iconos de todo un inconsciente colectivo; y hablo de monstruos sagrados como Charles Chaplin y Federico Fellini. Nada gratuito ni degradante, todo de una manera sencilla y sincera.

No cabe duda de que El Payaso es una auténtica película de autor. Una que busca la sencillez para abordar temas profundos y contundentes sobre nuestra ridícula condición humana, como la honestidad, la autoestima y la esperanza. Quizás por eso El Payaso es una película con tantas posibilidades.

Creo que la búsqueda de nuevos horizontes debería ser el gran destino de la humanidad.