Grecia ya no es un país.
La nación que le dio al mundo la democracia acaba de entregar su soberanía a acreedores internacionales.
Atenas, cuna y tumba de la democracia. Fue en la capital griega, cuatro siglos antes de Cristo, donde se forjó un régimen político que predicaba la soberanía popular. Y fue también en Atenas donde, en nuestros días, un gobierno renunció a su propia soberanía de la forma más abyecta. A cambio de 130 mil millones de euros, Grecia se doblegó y ya no merece ser llamada país. Este dinero, que en teoría salvaría a la economía griega de la bancarrota, solo rescata a sus acreedores. Y ni siquiera será administrado por las autoridades de Atenas. Irá a parar a una cuenta de garantía, donde será administrada por tecnócratas de la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo. Además, tendrá un alto precio: para acceder al rescate, los griegos prometieron más medidas de austeridad, como recortes salariales y de prestaciones sociales, que solo contribuirán a agravar la recesión.
El aspecto más escandaloso del acuerdo es que estipula que incluso los futuros gobiernos griegos se verán obligados a acatarlo. En otras palabras, la voz del pueblo, o la democracia, ha sido silenciada. ¿Funcionará? Obviamente no. El resultado es totalmente predecible. En los próximos días, las calles de Atenas, y de muchas otras capitales europeas, volverán a llenarse de multitudes dispuestas a arrasar con todo a su paso. Esto se debe a que el dinero del rescate griego llega, pero se gasta inmediatamente en pagar a los bancos alemanes y franceses que endeudaron al país.
La situación actual recuerda a la de la década de 30, cuando la crisis financiera internacional de 1929 provocó una serie de convulsiones políticas al obligar a naciones que antes eran soberanas a someterse a la voluntad de sus acreedores. El resultado fue el auge del fascismo y el nazismo en Europa, un fenómeno magistralmente retratado por el historiador austriaco Karl Polanyi en su libro «La gran transformación».
¿Había otra salida? Sí, la había y aún la hay. Al igual que Grecia, varios países europeos se acostumbraron a un patrón de consumo irreal mientras recibían financiación de Alemania. Pero ahora, su capacidad de endeudamiento se ha agotado. Y el único ajuste posible sería una devaluación de la moneda, tal como ocurrió en Brasil en 1999.
Ah, mas a Grécia não tem mais moeda! Pois o jeito é trazer o dracma de volta, assim como pesetas, escudos e muitas outras moedas que os países da periferia europeia aposentaram. Há cada vez mais gente prevendo a desintegração do euro. E isso inclui nomes como o economista Nouriel Roubini, que previu a crise de 2008, e o financista George Soros.
El pueblo siempre es más sabio que sus tecnócratas. Y pronto, las calles de Europa demostrarán al mundo que los países no se doblegan ante los acreedores impunemente.
