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El tribunal condena a los propietarios de granjas por trabajos forzados.

Los propietarios de la hacienda Angelim, en el norte del estado de Río de Janeiro, Paulo Cezar Azevedo Girão y Marcelo Conceição Azevedo Girão, junto con el capataz, Roberto Melo de Araújo, fueron condenados por mantener a cuatro personas en condiciones análogas a la esclavitud durante más de doce años. La sentencia del Tribunal Federal de Campos dos Goytacazes (RJ), en la misma región, ratifica la denuncia presentada por la Fiscalía Federal del municipio y ordena que Paulo Cezar sea encarcelado durante diez años y seis meses.

Los propietarios de Sítio Angelim, en el norte del estado de Río de Janeiro, Paulo Cezar Azevedo Girão y Marcelo Conceição Azevedo Girão, así como el capataz de la propiedad, Roberto Melo de Araújo, fueron condenados por mantener a cuatro personas en condiciones de trabajo análogas a la esclavitud durante más de 12 años; la decisión del Tribunal Federal de Campos dos Goytacazes (RJ), en la misma región, confirma la denuncia presentada por la Fiscalía Federal del municipio y ordena la prisión de Paulo Cezar por diez años y seis meses (Foto: Leonardo Lucena).

Cristina Indio do Brasil - Reportera de Agência Brasil

Los propietarios de la finca Angelim en São Fidélis, norte del estado de Río de Janeiro, Paulo Cezar Azevedo Girão y Marcelo Conceição Azevedo Girão, junto con el capataz de la finca, Roberto Melo de Araújo, fueron condenados por mantener a cuatro personas en condiciones de trabajo análogas a la esclavitud durante más de 12 años.

La decisión del juez André de Magalhães Lenart Zilberkrein, del 1er Tribunal Federal de Campos dos Goytacazes (RJ), en la misma región, confirma la denuncia presentada por la Fiscalía Federal (MPF) en el municipio y ordena la prisión de Paulo Cezar por diez años y seis meses; a su hijo, Marcelo Conceição, a cumplir una pena de siete años y seis meses; y al capataz fue condenado a siete años de prisión.

En la acusación formal, la Fiscalía Federal (FFF) indica que el padre contrató a las víctimas con la promesa de un salario mensual y que el hijo lo ayudaba en la administración de la hacienda, además de participar directamente en la explotación de mano de obra esclava. La FFF también señala que el capataz mantenía a los trabajadores bajo control, recurriendo a amenazas y agresiones físicas si intentaban escapar. La acusación formal establece, asimismo, que durante los doce años en que se cometió el delito, las víctimas recibieron alimentación insuficiente, dormían en una habitación cerrada con llave y se vieron obligadas a vivir en condiciones infrahumanas.

El juez también ordenó a Paulo Cezar Girão pagar multas equivalentes a 16 salarios mínimos (R$ 12,608); a Marcelo Girão pagar nueve salarios mínimos (R$ 7,092); y a Roberto Araújo pagar ocho salarios mínimos (R$ 6,304).

Según el fiscal federal Bruno de Almeida Ferraz, la condena penal representa un paso importante contra los crímenes que violan la dignidad y los derechos humanos. "Especialmente en la región norte del estado de Río de Janeiro, que es más propicia para el desarrollo de trabajos relacionados con el cultivo de la caña de azúcar y que presenta los índices más altos de trabajo esclavo en el estado", agregó el fiscal.