10 precauciones de salud que toda persona mayor debe tomar
Además de una buena alimentación e hidratación, es importante tener un estilo de vida activo y realizar seguimiento con un geriatra; aprende a incluir todas estas precauciones en tu rutina.
Por Fernanda Bassette, de la Agencia Einstein - El envejecimiento es un fenómeno global: en aproximadamente tres décadas, el número de personas mayores será equivalente al de niños en todo el mundo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Brasil, datos divulgados Los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) indican que la pirámide etaria ya comenzó a invertirse: en 2022, por primera vez, los ancianos dejaron de ser la porción más pequeña de la población -ahora representan el 15,8% de los brasileños, superando a los jóvenes entre 15 y 24 años (14,7%).
En los próximos 20 años, el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) proyecta que las personas mayores de 60 años representarán casi un tercio de los brasileños (28%) y la mayor parte de la población. De cara a los próximos 50 años, Brasil tendrá una población de adultos mayores del 37,8%, es decir, uno de cada tres brasileños.
Ante este panorama, la búsqueda de un envejecimiento saludable y una mejor calidad de vida cobra cada vez mayor importancia. A continuación, conozca 10 precauciones de salud que todo adulto mayor debe tomar:
1. Tener una dieta equilibrada
Una dieta equilibrada es esencial para un envejecimiento saludable. La dieta de las personas mayores debe ser variada, priorizando los ingredientes saludables. in natura (verduras, legumbres, frijoles, arroz, raíces, huevos y carnes) o alimentos mínimamente procesados. Estas personas deberían consumir la menor cantidad posible de alimentos ultraprocesados: aquellos productos con azúcar, grasas, colorantes y conservantes añadidos.
"Al comprar alimentos procesados, siempre se recomienda elegir aquellos con menos ingredientes", aconseja la nutricionista Mariana Staut Zukeran, doctora en ciencias y especialista en gerontología, quien coordina el Programa de Posgrado en Nutrición en Gerontología del Einstein College. Al leer la etiqueta, recuerde que los componentes aparecen en orden de mayor a menor cantidad. Esto significa que, por ejemplo, si el "azúcar" aparece primero en la lista, es el ingrediente principal de ese producto.
En esta etapa de la vida, también se debe prestar más atención a la ingesta de proteínas. Esto se debe a que, con la edad, el mantenimiento y la formación de masa muscular disminuyen. «La ingesta de proteínas recomendada es mayor para los adultos mayores, y la individualización debe ser determinada por el profesional de la salud», enfatiza Zukeran.
También es importante estar atento a las posibles deficiencias nutricionales. Diversos factores pueden afectar el apetito de los adultos mayores, como enfermedades, medicamentos, sentimientos de soledad e incluso cambios en el gusto y el olfato propios del envejecimiento.
Por eso es importante prestar atención a posibles cambios en los hábitos alimentarios. «Algunos factores son importantes para este seguimiento, como la percepción del apetito, el sabor de la comida, el número de bocados o cucharadas que se ingieren antes de terminar la comida y el número de comidas diarias», explica la nutricionista. «Los cambios en el consumo de alimentos y la pérdida de peso son indicadores importantes para consultar a un nutricionista especializado en este campo».
2. Mantente hidratado
El consumo adecuado de agua es esencial para el funcionamiento de nuestro organismo. El consumo insuficiente de líquidos en adultos mayores puede provocar deshidratación, además de aumentar el riesgo de infecciones del tracto urinario, insuficiencia renal, estreñimiento, confusión y delirio. El Ministerio de Salud recomienda beber al menos dos litros (de seis a ocho vasos) de agua al día, preferiblemente entre comidas.
Sin embargo, varios factores pueden impedir que los adultos mayores logren este objetivo. Entre ellos se incluyen enfermedades crónicas, demencia, dificultades motoras o de comunicación e incontinencia urinaria. También existen cambios fisiológicos derivados del envejecimiento que pueden afectar la percepción de la sed.
Las personas mayores pierden más agua corporal antes de sentir sed. Por lo tanto, en climas de altas temperaturas como los que experimentamos actualmente, se requiere una mayor atención para esta población. Idealmente, las personas mayores no deberían esperar a tener sed para beber agua, sino que se les debería animar a mantenerse hidratadas a lo largo del día, advierte Mariana Zukeran.
3. Realizar actividad física regularmente
Primero, es importante comprender la diferencia entre actividad física y ejercicio. La actividad física abarca cualquier movimiento corporal que genere gasto energético; por ejemplo, caminar, subir escaleras y realizar tareas domésticas. El ejercicio físico, en cambio, es específico, planificado, estructurado y repetitivo, y su objetivo es mejorar o mantener la condición física. Generalmente se realiza en sesiones fijas, centrándose en la fuerza, la resistencia, la flexibilidad o la salud cardiovascular.
“Lo ideal para las personas mayores es combinar actividad física y ejercicio regular”, observa la profesional de educación física Larissa Fidelis da Silva, especialista en fisiología del ejercicio y entrenamiento de resistencia para personas mayores en el Espacio Einstein Deporte y Rehabilitación, del Hospital Israelita Albert Einstein.
Según Silva, mantenerse físicamente activo tiene varios beneficios para los adultos mayores:
- Proporciona aumento de masa muscular, fuerza y potencia;
- Mejora la composición corporal y reduce la grasa visceral;
- Reduce los marcadores de estrés oxidativo;
- Previene enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión;
- Promueve el bienestar, reduciendo la ansiedad y la depresión;
- Ayuda a preservar la función cognitiva y la memoria;
- Preserva la autonomía en las actividades diarias;
- Aumenta la interacción social.
Las directrices de la OMS recomiendan realizar entre 150 y 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada a la semana, o al menos entre 75 y 150 minutos de actividad aeróbica de intensidad vigorosa a la semana. Lo mismo aplica a los adultos mayores.
“La recomendación es realizar al menos dos días de actividades de fortalecimiento muscular de intensidad moderada o alta que involucren los principales grupos musculares y, al menos, tres días de actividades multicomponentes, con la combinación de varios tipos de ejercicio físico, incluyendo aeróbicos, flexibilidad, fuerza, coordinación motora, agilidad y equilibrio”, sugiere Silva.
4. Evitar caídas
Las caídas son una preocupación importante para los adultos mayores y pueden tener consecuencias graves, como fracturas, hospitalización y pérdida de independencia. Entre las causas de este mayor riesgo de caídas a esta edad se encuentran los cambios físicos derivados de la pérdida de fuerza muscular, equilibrio y coordinación; las afecciones que afectan la movilidad y la visión; y el uso de medicamentos, ya que algunos pueden causar mareos.
"Más allá de los problemas físicos tras una caída, también debemos considerar el impacto psicológico que puede afectar la vida de la persona mayor", enfatiza Silva. El miedo a volver a caer puede provocar aislamiento y una reducción de la actividad física, creando un círculo vicioso.
Una forma de prevenir las caídas es realizar ejercicios de fuerza y equilibrio, además de mantener un entorno seguro en casa, libre de obstáculos, con colchonetas antideslizantes y buena iluminación. "Con supervisión profesional, es posible identificar los riesgos individuales y ajustar los entrenamientos, garantizando la seguridad. Pero es igualmente importante acudir a las citas médicas para revisar la medicación regularmente, hacerse exámenes de la vista y controlar los factores de riesgo", afirma la profesional de educación física.
5. Mantener al día las citas médicas y los exámenes.
No todos envejecen de la misma manera. Por lo tanto, todos los exámenes y citas recomendados deben ser individualizados, teniendo en cuenta el estado de salud general del paciente. "Esto se hace evidente tras una evaluación geriátrica, que puede definir la identidad del individuo en diversos aspectos sanitarios y sociales, lo que nos permite definir el mejor enfoque de atención", afirma el geriatra Leonardo Oliva, vicepresidente de la Sociedad Brasileña de Geriatría y Gerontología (SBGG).
Un consejo para quienes comienzan la tercera edad es hacerse una revisión médica al menos una vez al año. "Es durante esta cita clínica que la persona debe hablar con el médico y comentar cualquier posible molestia, además de preguntarle sobre temas relacionados con la cognición, el estado de ánimo, la actividad física, la dieta, el sueño, la memoria y los hábitos de vida", explica Oliva.
Además de una cita médica, también se pueden recomendar pruebas de laboratorio o de imagen para obtener información importante sobre la salud de la persona. También se pueden considerar pruebas como la colonoscopia, la mamografía y otras pruebas de prevención del cáncer. "Sin embargo, es importante destacar que una evaluación clínica exhaustiva determinará qué pruebas son necesarias para esa persona mayor y con qué frecuencia deben realizarse", explica el geriatra.
6. Tenga cuidado al usar medicamentos.
Los efectos adversos de los medicamentos pueden afectar más a la población de edad avanzada, especialmente a quienes tienen una salud más frágil. A esta edad, las personas pueden padecer más de una enfermedad crónica, lo que aumenta el riesgo de interacciones medicamentosas.
Por eso es crucial la supervisión de un geriatra, ya que puede realizar una evaluación optimizada de los medicamentos: si se utilizan correctamente, en la dosis correcta, si se ha alcanzado el objetivo y si existen interacciones entre ellos. «Nuestra intención es que el tratamiento sea lo más seguro y optimizado posible, incluyendo la desprescripción de algunos medicamentos, algo habitual en geriatría», explica Leonardo Oliva.
7. Mantener la actividad social
En lo que respecta a la salud de las personas mayores, debemos pensar más allá del tratamiento de enfermedades. Fomentar la participación en actividades sociales es esencial para el bienestar emocional y físico, además de mejorar la autoestima y el sentido de pertenencia. Los estudios demuestran que las personas mayores que participan regularmente en actividades sociales tienden a tener una salud mental más fuerte y una mayor longevidad.
Estos compromisos pueden abarcar desde reuniones informales hasta eventos planificados, como fiestas, clases de costura y bordado, noches de cine y paseos en grupo. "No cabe duda de la importancia de las actividades grupales. Vimos la importancia de la socialización durante la pandemia, cuando presenciamos un número significativo de casos de enfermedad entre la población mayor debido al aislamiento social", observa el geriatra.
8. Cuida tu salud mental
La salud mental de las personas mayores a menudo se descuida en la atención médica, ya sea porque el paciente no se siente cómodo al hablar de ello o porque el profesional no profundiza en estos temas. Pero la propia OMS afirma: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».
La salud mental abarca tanto la cognición/memoria como la ansiedad/depresión. Al evaluar la cognición y la memoria de un adulto mayor, es importante comprender si presenta algún problema subyacente, ya que el principal factor de riesgo para la demencia es la edad.
"Pero no puede haber el prejuicio de que el envejecimiento implica deterioro cognitivo y olvido. Muchas personas envejecen con plena funcionalidad mental y cognición preservada", señala Oliva. Sin embargo, eso no significa que debamos asumir que el olvido sea normal. "Debemos investigar las causas y proponer el tratamiento adecuado, si es necesario", afirma el doctor.
Al evaluar la presencia de ansiedad y depresión, bastante comunes en la vejez, se requiere especial atención. «Estos trastornos conllevan una pérdida de calidad de vida, y los tratamientos farmacológicos existentes son eficaces; es necesario proponerlos y monitorearlos de cerca para que podamos mejorar la salud de los adultos mayores de la forma más integral posible», evalúa el médico.
9. Mantenga su registro de vacunación actualizado
Vacunar a las personas mayores de 60 años es crucial, ya que las enfermedades infecciosas tienden a ser más graves en este grupo de edad, al igual que la mortalidad derivada de estas afecciones. "Es bien sabido que nuestra esperanza de vida ha aumentado en los últimos años. Las vacunas no solo previenen enfermedades y sus consecuencias, sino que también nos permiten vivir los años adicionales que ganamos con una mayor esperanza de vida y con mejor calidad de vida", enfatiza la infectóloga Isabella Ballalai, directora de la Sociedad Brasileña de Inmunizaciones (SBIm).
El Ministerio de Salud ofrece algunas vacunas de rutina para este grupo de edad dentro del Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI). Estas incluyen la vacuna contra la influenza (gripe), que debe administrarse anualmente; la vacuna antibacteriana doble (difteria y tétanos); la vacuna contra la hepatitis B; la vacuna contra la fiebre amarilla (para personas en riesgo); y la vacuna contra la COVID-19.
SBIm y SBGG tienen una calendario específico Calendario de vacunación recomendado para mayores de 60 años. «Lamentablemente, muchas de estas vacunas aún no están disponibles en el calendario del Sistema Único de Salud (SUS), a través del Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI)», lamenta Ballalai. Entre ellas se encuentra la vacuna triple bacteriana, que protege contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. «Recientemente sufrimos un brote de tos ferina, y la enfermedad es más grave en mayores de 60 años», advierte Ballalai.
10. Presta atención también a tu salud bucal.
A pesar de todas las medidas preventivas y de promoción de la salud bucodental, los adultos mayores envejecen con más dientes. Por lo tanto, es fundamental mantener un cuidado bucodental diario, adaptado adecuadamente a las posibles limitaciones que surgen con la edad.
“Muchos problemas bucales pueden ocurrir o agravarse en esta etapa de la vida, como la enfermedad periodontal, la xerostomía, que puede ir acompañada de reducción del flujo salival y de su capacidad protectora, lesiones de caries e infecciones oportunistas”, explica la odontóloga Letícia Bezinelli, coordinadora del curso de Odontología y jefa del servicio de odontología hospitalaria del Hospital Israelita Albert Einstein.
La salud bucal también está directamente relacionada con la salud general y sistémica. Según Bezinelli, varios estudios han demostrado la asociación entre la enfermedad periodontal y la diabetes, las enfermedades cardíacas y la demencia. "Por lo tanto, cuidar la salud bucal de los adultos mayores implica cuidar su salud integral", afirma.
Quienes usan dentadura postiza deben limpiarla dos o tres veces al día con un cepillo de dientes extrasuave y pasta dental no abrasiva o jabón suave para evitar rayones en la superficie. Otras opciones incluyen una solución de hipoclorito de sodio al 2% o pastillas especiales. "También es necesario limpiar la cavidad bucal sin la dentadura postiza, cepillando suavemente la lengua, el paladar, las encías y las mejillas con un cepillo de dientes extrasuave para eliminar los restos de comida, la placa y el biofilm", explica Henriques.
Después de los 60 años, las visitas al dentista deben ser más frecuentes, cada cuatro a seis meses, para una revisión regular. Es importante recordar que siempre se debe informar al dentista sobre la medicación en curso y las enfermedades sistémicas para que el tratamiento sea integral y adecuado para cada paciente.
