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Dieta y acumulación de grasa en el hígado: descubre qué dice la ciencia

Estudio demuestra que consumir vitamina D ayuda a reducir el riesgo de enfermedad del hígado graso; expertos destacan importancia de una dieta saludable

Dieta y acumulación de grasa en el hígado: descubre lo que dice la ciencia (Foto: Renata Paiva)

Por Regina Célia Pereira, de la Agencia Einstein - Una encuesta publicada recientemente en el diario Nutrición y metabolismo Muestra una asociación entre la vitamina E y un menor riesgo de esteatosis hepática, una afección caracterizada por la acumulación de grasa en los hepatocitos. Esta relación se estableció a partir del análisis de datos de 5.757 adultos, incluyendo personas obesas, de Encuesta de Salud Nacional y Examen de Nutrición (NHANES), un amplio estudio que monitorea el estado nutricional de la población estadounidense. Los científicos también evaluaron los historiales médicos de los participantes y concluyeron que quienes consumían cantidades adecuadas de este nutriente presentaban mayor protección. "Entre las fuentes de vitamina E se encuentran los frutos secos, ricos en otras sustancias beneficiosas", comenta el nutricionista Celso Cukier, del Hospital Israelita Albert Einstein. Sin embargo, es necesario ser cauteloso al celebrar estos hallazgos: si bien el estudio proporciona información interesante, es imposible aislar un solo nutriente en lo que respecta a la enfermedad del hígado graso no alcohólico, otro término para esta afección.

Cuidado con las exageraciones

Así como no existe un único "héroe", no tiene sentido suplementar vitamina E como medida preventiva cuando el contexto dietético se basa en un desequilibrio. Otro estudio reciente, publicado en la revista científica Anales de Hepatología, demuestra una relación entre el consumo excesivo de refrescos y un mayor riesgo de enfermedad hepática. Investigadores evaluaron los hábitos de 1.759 hombres y mujeres mexicanos.

El estudio refuerza que el exceso es el verdadero culpable. Así como no se pueden identificar los nutrientes protectores, tampoco se pueden identificar los alimentos perjudiciales. «Lo que puede promover el almacenamiento de grasa tanto corporal como hepática es el exceso de calorías», enfatiza Cukier. 

Y la situación empeora si la alimentación excesiva se acompaña de un estilo de vida sedentario. «La obesidad es uno de los principales factores de riesgo de esteatosis», afirma el hepatólogo Fernando Pandullo, del Hospital Israelita Albert Einstein. De hecho, la incidencia ha aumentado junto con el número de personas con sobrepeso. Actualmente, se estima que entre el 25% y el 30% de la población adulta padece hígado graso. 

El aumento excesivo de peso se debe a cambios metabólicos y disfunciones hormonales que contribuyen al depósito de triglicéridos (una molécula grasa) en los hepatocitos. Tanto es así que, especialmente en el ámbito médico, este trastorno se conoce como enfermedad del hígado graso asociada a disfunción metabólica. 

Asintomática, puede promover la inflamación (esteatohepatitis), lo que provoca cicatrización y progresa a fibrosis, desencadenando la peligrosa cirrosis. «También se relaciona con un mayor riesgo de cáncer de hígado», afirma Pandullo.

Se realizan pruebas de laboratorio y ecografías para diagnosticar la enfermedad. Las personas con sobrepeso deben prestar más atención a... chequeo, ya que no hay síntomas. «La pérdida de peso es esencial para el tratamiento y puede revertir la situación por completo», comenta el hepatólogo.

Estilo de vida saludable

Aunque no existen alimentos específicos que ayuden a combatir o reducir el riesgo de esteatosis, sí existe evidencia de diversos estudios de que cuidar la microbiota intestinal puede impactar en el hígado.

"La salud intestinal refleja la salud general del cuerpo", comenta el hepatólogo. Un menú centrado en alimentos vegetales beneficia no solo la flora intestinal, sino todo el organismo. De hecho, los médicos enfatizan que no tiene sentido tomar productos probióticos si la dieta está completamente desequilibrada.

Otro estudio que destaca la Dieta Mediterránea. Este plan de alimentación combina cereales integrales (fuentes de carbohidratos), frutas, verduras, semillas, pescado, lácteos bajos en grasa y aceite de oliva. Todo en una proporción adecuada. Sin embargo, uno de los ingredientes más populares de este menú debería excluirse de la dieta de quienes desean evitar el daño hepático: el vino. «No hay lugar para el alcohol», advierte Pandullo. 

Y vale la pena recordar que la actividad física es otra estrategia de protección. Los músculos consumen energía y ayudan a prevenir la acumulación de grasa. La sugerencia es elegir el ejercicio que más te guste y mantenerlo. 

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