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Brasil podría ampliar su liderazgo en salud global después de la crisis sanitaria de Estados Unidos en 2025.

La inestabilidad científica y el aumento de enfermedades prevenibles en Estados Unidos reavivan el debate sobre el papel de Brasil en la salud pública internacional.

Brasil podría ampliar su liderazgo en salud global tras la crisis sanitaria de Estados Unidos en 2025 (Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil)

247 - La salud pública internacional atraviesa un período de gran inestabilidad, marcado por reveses científicos, desinformación y crisis institucionales en países clave del sistema global. Para 2025, Estados Unidos se ha convertido en el centro de este escenario, con turbulencias que afectan tanto a las políticas sanitarias nacionales como al equilibrio de la cooperación internacional en materia de salud.

El análisis proviene de expertos consultados por Folha de São Paulo, que detallan cómo las decisiones del gobierno del presidente estadounidense Donald Trump han sacudido el sistema científico y de salud estadounidense, abriendo espacio para que países como Brasil amplíen su papel protagónico en el área.

A lo largo del año, la propia Presidencia emitió declaraciones sin respaldo científico. Trump vinculó el uso de paracetamol con el autismo, una conexión que no encuentra respaldo en la evidencia médica. Simultáneamente, los organismos técnicos experimentaron cambios profundos. En junio, 17 expertos de un comité asesor sobre vacunación de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) fueron destituidos y reemplazados por miembros con un historial de posturas antivacunas. En agosto, los directores de las agencias dimitieron en protesta por los cambios en las políticas de vacunación realizados sin fundamento científico.

Esta inestabilidad coincidió con el agravamiento de una crisis sanitaria concreta. El sarampión comenzó a propagarse de nuevo en Estados Unidos, alcanzando el mayor número de casos nuevos en tres décadas. La vacunación también disminuyó: una encuesta reveló que uno de cada seis padres estadounidenses había dejado de vacunar o retrasado la inmunización de sus hijos. Además, un comité asesor dejó de recomendar la vacuna contra la hepatitis B para todos los recién nacidos, una decisión que generó una fuerte reacción de la comunidad científica.

Sin embargo, el fenómeno no se limita a Estados Unidos. El experto en salud pública Claudio Maierovitch, coordinador del Centro de Epidemiología y Vigilancia Sanitaria de la Fiocruz en Brasilia, llama la atención sobre la situación del sarampión en Brasil y otras regiones del mundo. Según él, el país avanzó en el control de la enfermedad gracias a la alta cobertura de vacunación, pero recientemente se ha producido una caída en las tasas de inmunización. «Esta caída, una vez detectada, debería haber impulsado grandes campañas, pero no fue así», afirma.

En países asiáticos como Camboya, Mongolia, Filipinas y Vietnam, los primeros meses de 2025 registraron un aumento significativo de casos de sarampión en comparación con el mismo período del año anterior. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó la situación como un peligroso regreso de enfermedades prevenibles mediante vacunación.

Los expertos consideran esta situación como una consecuencia directa de la pandemia de COVID-19. Para André Siqueira, especialista en enfermedades infecciosas y jefe del programa global de dengue de la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi), la actual desconfianza en las vacunas representa una continuación e intensificación de las sospechas que surgieron durante la crisis causada por el SARS-CoV-2.

La profesora Deisy Ventura, de la Facultad de Salud Pública de la USP (Universidad de São Paulo), señala la desinformación como uno de los principales impulsores de este proceso. Según ella, la lucha contra las noticias falsas en el ámbito de la salud sigue siendo insuficiente, especialmente cuando los líderes políticos refuerzan narrativas controvertidas.

En Estados Unidos, este movimiento cobró fuerza institucional. El secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., comenzó a expresar ideas carentes de evidencia científica y a promover cambios en organismos estratégicos, como los CDC, alineándolos con puntos de vista similares a los suyos. Las consecuencias trascendieron las fronteras nacionales. La decisión de la administración Trump de retirar a Estados Unidos de la OMS comprometió la financiación de la organización, afectando los programas de lucha contra el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, además de provocar recortes en el personal administrativo de la organización.

Maierovitch señala que las resoluciones adoptadas por agencias como los CDC suelen influir en las políticas sanitarias de varios países. Con el debilitamiento de la institución, esta influencia se convierte en un riesgo, incluso para Brasil. En este contexto, Deisy Ventura aboga por un cambio de enfoque. «Brasil necesita proclamar su independencia sanitaria», resume.

Según el profesor, el país cuenta con las condiciones para asumir un papel más relevante en el escenario mundial, respaldado por un sistema de salud pública sólido y reconocido internacionalmente, así como por instituciones de investigación como Fiocruz. Aun así, persisten desafíos. André Siqueira señala que la baja inversión en salud y ciencia sigue siendo uno de los principales obstáculos que impiden a Brasil consolidar este liderazgo en un momento de fragilidad en la gobernanza sanitaria mundial.

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