Nathalia Urbana por Milenna Saraiva

Esta sección está dedicada a la memoria de la periodista Nathalia Urban, internacionalista y pionera del Sur Global.

Nathalia Urbano
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China construyó su hegemonía en tierras raras con una estrategia estatal a largo plazo.

La planificación, la ciencia y el control industrial explican cómo Pekín llegó a dominar los metales esenciales para la economía global.

Muestras de materiales de tierras raras (Foto: David Becker/Reuters)

247 - El liderazgo de China en el mercado mundial de tierras raras no surgió de la noche a la mañana, ni fue únicamente el resultado de los recientes avances tecnológicos. La consolidación de este poder comenzó en la década de 1960, cuando el país comenzó a considerar estos 17 metales como activos estratégicos para su desarrollo económico, industrial y militar, vinculando la ciencia, el Estado y la industria en un proyecto a largo plazo.

Según un informe de The New York TimesEl origen de este proceso se remonta a 1964, cuando geólogos chinos identificaron que una mina de hierro cerca de la ciudad de Baotou, al norte del país, contenía el mayor depósito conocido de tierras raras. En aquel entonces, Deng Xiaoping, entonces alto dirigente del Partido Comunista Chino, visitó la región y estableció una directriz que marcaría las décadas siguientes: desarrollar simultáneamente la industria siderúrgica y la explotación de estos metales.

Con el tiempo, las tierras raras se han convertido en insumos esenciales para aplicaciones civiles y militares, desde motores eléctricos y turbinas eólicas hasta misiles y aviones de combate. Hoy en día, China representa alrededor del 90 % de la producción mundial de estos materiales, una posición que le garantiza una influencia decisiva en las cadenas industriales estratégicas y la transición energética global.

Este dominio se construyó mediante una planificación estatal continua, sólidas inversiones públicas y una coordinación directa entre el gobierno, las Fuerzas Armadas y el sector productivo. Incluso en la década de 1970, en pleno auge de la Revolución Cultural, el Ejército Popular de Liberación inició programas de investigación centrados en el uso militar de tierras raras. Una figura central en este avance fue el químico Xu Guangxian, quien desarrolló un método eficiente y económico para purificar estos metales, superando así uno de los principales obstáculos tecnológicos para la producción a gran escala.

Tras la muerte de Mao Zedong, Deng Xiaoping profundizó esta agenda al situar la ciencia y la tecnología en el centro de la estrategia nacional. En las décadas de 1980 y 1990, junto con Wen Jiabao —geólogo que posteriormente se convertiría en primer ministro—, el gobierno chino impulsó una amplia reorganización del sector, cerrando minas ilegales, combatiendo el contrabando y consolidando el control estatal sobre toda la cadena de producción.

En aquel entonces, las aplicaciones de las tierras raras eran relativamente sencillas. El panorama cambió cuando investigadores de Estados Unidos y Japón desarrollaron imanes ultrapotentes a partir de estos metales, fundamentales para motores eléctricos, electrónica y, posteriormente, vehículos eléctricos. Sin dominar esta tecnología, China optó por adquirirla en el extranjero.

El caso más emblemático ocurrió en 1995, con la venta de la empresa estadounidense Magnequench, entonces filial de General Motors, a un consorcio que incluía a empresarios chinos con fuertes vínculos con el Estado. Unos años más tarde, la producción se trasladó a China, se interrumpieron las operaciones en Estados Unidos y el país asiático pasó a dominar la fabricación industrial de imanes de tierras raras.

El peso geopolítico de este control se hizo evidente en 2010, cuando Pekín suspendió discretamente las exportaciones de tierras raras a Japón en medio de una disputa territorial sobre las islas al norte de Taiwán. Esta medida presionó a Tokio para negociar, pero también reveló debilidades internas, como el contrabando, lo que llevó al gobierno chino a intensificar su represión y a poner definitivamente el sector bajo control estatal.

Bajo el liderazgo de Xi Jinping, las tierras raras se han considerado explícitamente un recurso estratégico. En 2024, China impuso nuevos controles a la exportación, lo que afectó las cadenas de suministro industriales en Occidente y aumentó la presión sobre Estados Unidos en las negociaciones comerciales. Los analistas comparan el impacto de estas medidas con el embargo petrolero impuesto por los países árabes en la década de 1970.

Mientras tanto, Pekín ha incrementado la inversión en educación e investigación. Decenas de universidades chinas ofrecen cursos especializados en tierras raras, mientras que Estados Unidos y Europa aún carecen de una formación equivalente. Esto ha permitido a China avanzar no solo en la extracción, sino también en el refinado y en aplicaciones tecnológicas más sofisticadas de estos metales.

Un ejemplo es la refinería ubicada en Wuxi, cerca de Shanghái, donde técnicos dedicaron siete años a realizar experimentos para refinar el disprosio hasta alcanzar un grado de pureza excepcional. Actualmente, la planta es la única fuente mundial de este elemento, utilizado en condensadores y pequeños dispositivos de control eléctrico, incluidos los que se encuentran en los chips de inteligencia artificial Blackwell de Nvidia.

Hasta el año pasado, la mayoría de las acciones de la refinería pertenecían a la empresa canadiense Neo Performance Materials, que había adquirido Magnequench en 2005. El 1 de abril, una empresa estatal china adquirió la mayoría de las acciones. Tres días después, el 4 de abril, China suspendió las exportaciones de disprosio y otros seis tipos de tierras raras a Estados Unidos y sus aliados.

En octubre, nuevos controles de exportación ampliaron la capacidad de Beijing de retener suministros tanto de elementos de tierras raras como de imanes fabricados con ellos, una medida que finalmente obligó al entonces presidente estadounidense Donald Trump a ceder en disputas arancelarias, destacando una vez más el alcance global de la estrategia de China para estos minerales críticos.

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